Acción social, revitalización, repoblación y vertebración a través de políticas migratorias y de natalidad

Que la revitalización del mundo rural es un desafío complejo que requiere un enfoque integral y coordinado no es un tema que yo me haya sacado de la chistera, creo que muchas personas estamos de acuerdo en este punto, ¡que ya es mucho! 

Esta semana, tras unas semanas de descanso, vuelvo a escribir para reflexionar – en esta ocasión – sobre las políticas que podríamos poner en marcha en Aragón no sólo con la intención de revertir la despoblación, sino de generar población.

Y, es que, en las últimas décadas, el mundo rural aragonés, como una parte muy importante del mundo rural occidental, ha experimentado un proceso de despoblación que ha está poniendo en riesgo la supervivencia de muchas comunidades locales. 

Por fin, parece haber cierto consenso político en el análisis del fenómeno de la despoblación. En mi opinión, lejos de ser una simple tendencia demográfica, representa el mayor desafío del país, el mayor reto para la vertebración territorial en Aragón. Y lo digo de manera muy consciente: el equilibrio económico- social de Aragón pasa – a mi juicio, obviamente – por la preservación de nuestro riquísimo patrimonio histórico-cultural, social y medioambiental. 

Ahora bien, si existe cierto consenso entre fuerzas políticas y sociales en el análisis de la situación, no lo existe en absoluto en lo referente a cómo debe abordarse, en las respuestas. No existe una política de repoblación clara por parte del Gobierno de Aragón, como tampoco la existe en materia de vertebración territorial, migraciones o natalidad, factores que yo entrelazo junto a otros como la conectividad o la digitalización y la calidad de los servicios públicos.  

Aragón es mucho más que la cuarta ciudad del estado español: 694.109 habitantes de Zaragoza frente a Sevilla, con 693.229, según censos municipales de 2023.

Aragón es un país fundamentalmente rural que exige de una estrategia de sostenibilidad global, consensuada y coordinada

No soy ningún experto en la materia pero, es verdad que, desde mediados del siglo pasado, muchas zonas rurales del mundo, especialmente en Europa, han visto cómo su población disminuía drásticamente por la mecanización de la agricultura, la falta de oportunidades laborales, la atracción de las ciudades o el sueño capitalista de ganar más para ser más, entre otras cuestiones. Y, claro, este pseudo-éxodo ha dejado a muchos municipios vacíos o muy vacíos, con infraestructuras en decadencia – que no decadentes – y servicios públicos muy mermados, según quien haya gobernado.  Pero más allá de esto, la despoblación supone, a mi juicio, una pérdida incalculable en términos humanos y de identidad cultural

Cada pueblo que se vacía es un testimonio de tradiciones, historias y formas de vida que se van extinguiendo, una herida en el tejido social de las naciones que debilita la cohesión territorial y contribuye a la concentración de la riqueza y las oportunidades en unas pocas áreas metropolitanas, en nuestro caso, en Zaragoza. 

Llevo tiempo dándole vueltas a la pregunta de ¿si existe despoblación, repoblamos? En mi cabeza, esa pregunta es más una cuestión macro (de justicia social, equilibrio territorial y redistribución de la población, los recursos y las infraestructuras) que una cuestión micro, es decir, sólo de cifras demográficas. Y la llamo macro porque la considero una política de Estado, de país, basada en estrategias coordinadas, consensuadas e integrales que aborden las diversas dimensiones de esta realidad.

Desde mi forma de ver el mundo, y desde la creencia absoluta en un municipalismo aragonesista y europeísta, el mundo rural y el urbano no son ámbitos opuestos desde una dicotomía, sino que son realidades que deben respetarse mutuamente y, desde esa empatía y reconocimiento, se puede empezar un abordaje que beneficie a sendas realidades.

Con todo esto sobre lo que poder empezar a trabajar, no dejo de pensar en la migración, que tanto está dando de hablar últimamente. Un debate, por cierto, con un halo tremendamente xenófobo, racista, injusto y que no tiene en cuenta para nada el fenómeno migratorio a lo largo de la historia y en toda su globalidad. Un debate que la izquierda no está sabiendo gestionar y que va a rebufo de los discursos populistas de las derechas. Sí, la cuestión migratoria por parte de la izquierda está limitándose a ser reactiva ante las falacias de la derecha; en mi opinión, la izquierda no tiene un discurso sólido propositivo ni tampoco argumentativo y positivo. Dónde está la materia gris en la izquierda ya es un tema para otro día…

Mi reflexión de hoy es intensa, sesgada y poco concreta, pero no puedo volver de vacaciones y callar ante determinados debates que están todos los días a nuestro alrededor. Y como quiero a mi país, considero que Aragón debe saber acoger e integrar a las personas migradas, no sólo como forma de enriquecimiento cultural y económico, que también, sino como herramienta de impulso y dinamización. Pero, claro, para que esto sea posible, la acción social institucional/ gubernamental pasa por desarrollar políticas migratorias que faciliten la llegada y la integración de las personas migradas en el ámbito rural, por la creación de vías legales y seguras para la migración, por el desarrollo de programas de acogida que aseguren el acceso a la vivienda, el empleo, la educación y la salud, entre otros aspectos, y pasa, fundamentalmente, por saber comunicar y explicar las políticas que se implantan.

Desde mi punto de vista, migración no es igual a la solución frente a la despoblación, sino que es un eje más que debe ser tenido en cuenta. Como debe serlo también la inexistente política de natalidad o el escaso apoyo a las familias que desean establecerse en nuestros pueblos por parte del Gobierno de Aragón. Del actual y de los anteriores.  

Finalizo pensando en alto y haciendo un llamamiento general. Como sociedad debemos pensar cómo desarrollar políticas de natalidad efectivas. Como gentes preocupadas por su tierra, debemos empezar a aterrizar propuestas que pueden facilitar la vida de personas y familias jóvenes y no jóvenes en nuestros pueblos. Como amantes de Aragón tenemos que repensar cómo la creación de incentivos económicos – como ayudas a la vivienda y subvenciones para el cuidado de familiares – así como la mejora de los servicios públicos o la promoción de la conciliación real pueden verse como alternativas atractivas para que mucha ciudadanía se establezca o no abandone el Aragón rural. Como ciudadanas y ciudadanos de un mundo global debemos establecer sinergias que fortalezcan la posibilidad de llevar a cabo proyectos profesionales en cualquier lugar de Aragón. Y como personas que hacemos política, pensemos cómo Aragón se puede rehabitar, vertebrar y enriquecer, no únicamente en términos económicos. 

Las políticas de natalidad, migratorias, sostenibles medioambientalmente y de sensibilización y promoción de valores pueden rehabilitar municipios y pueden facilitar la repoblación de Aragón si se facilita en paralelo el impulso de empresas, si los servicios públicos son de calidad, si existe colaboración público- privada, si existe justicia social…  Vertebrar Aragón pasa por mirar más allá de la capital del país sin dejar de prestarle atención a Zaragoza en tanto que motor no sólo del país, sino también del estado.