El camino hacia la inclusión real de las personas LGTBI en el lugar de trabajo es largo y muy complejo y está repleto de desafíos y resistencias.
¡Empresas, no basta con mostrar apoyo durante el mes del Orgullo, la comunidad LGTBI necesitamos un compromiso permanente traducido y aterrizado en acciones concretas que promuevan la igualdad y la diversidad todos los días del año!
Ha pasado el 28 de junio y es hora de que las empresas pasen del pinkwashing a una auténtica estrategia de gestión de la D&I LGTBI que reconozca, retenga y atraiga el talento LGTBI creando entornos laborales seguros.
El 29 de junio es sólo el comienzo. Lo dije el mismo día 29 y hoy, en mi reflexión semanal, quiero ahondar en esta idea.

Llevo muchos años abordando la D&I LGTBI en espacios de trabajo y resulta muy gratificante y motivador cuando puedes trabajar pero es mental y físicamente agotador cuando no existe un compromiso no sólo real, sino inequívoco, por parte de la alta dirección de las empresas.
Y, es que, muchas empresas no entienden que no ser un espacio laboral LGTBIfóbico no las convierte en espacios inclusivos, igual que no ser un espacio racista no las convierte en empresas antirracistas. Así como otras muchas similitudes más de las que podríamos hablar hoy pero que me desviarían del tema.
A mi me gusta mucho el 29 de junio porque este día es un día de coherencia, de consecuencia y de verdad.
La comunidad LGTBI (especialmente la cis, porque existe también una vergonzante y asquerosa transfobia durante el contexto del Orgullo) venimos de unos días de estar viviendo en un globo en el que las calles de muchas grandes ciudades, pero también de muchos municipios pequeños, se llenan de color y las redes sociales se inundan de mensajes de apoyo y solidaridad hacia la comunidad LGTBI.
Me gusta el 29 de junio porque significa que se ha vivido el Orgullo pero también porque el globo se pincha, se vuelve a la cruda realidad y marca el fin de un periodo en el que la hipocresía y el cinismo ha marcado muchos contextos.
Me gusta el 29 de junio no porque el último arcoíris vaya a desvanecerse, que eso no debe pasar jamás, sino porque muchas empresas sí guardan su última bandera LGTBI hasta el año que viene, a modo de luces de navidad, y, de nuevo, se reconstruyen los entornos laborales que perpetúan las estructuras cis-monosexistas y patriarcales.
En dos días, en sólo cuarenta y ocho horas, el sistema nos recuerda la importancia de nuestra lucha y de nuestra visibilidad, una causa que el sistema quiere que se quede en pasajera.
Ya has tenido tu día de Orgullo, ahora no te quejes.
Durante estas últimas semanas – y seguramente ésta misma, si tu empresa está en Barcelona o Madrid, especialmente – vivimos cómo muchas empresas se suben al carro de la diversidad, llenando sus logotipos y campañas publicitarias de los colores del arcoíris, viendo cómo nos llega un email a nuestros correos diciendo que apoyan a la comunidad LGTBI, invitándonos a que nos manifestemos con nuestra empresa ¡con nuestra empresa! en la manifestación estatal-consumista-capitalista o sorteando una taza con los colores de la bandera trans entre los departamentos. Pero, ¿cuántas de estas empresas realmente están comprometidas con la D&I LGTBI? ¿Cuántas de ellas quieren llevar a cabo cambios significativos en su cultura organizacional? ¿Cuántas están dispuestas a llevar a cabo acciones que cambien su modus operandi interno?
Hay empresas que, por supuesto, gestionan, e incluso lo hacen muy bien, la D&I LGTBI pero es sabido que, lamentablemente, la mayoría opta por el pinkwashing.
Y sí, lo he dicho en muchas ocasiones, lo sigo diciendo y lo repetiré cuantas veces sea necesario en cualquier contexto, necesitamos líderes empresariales que no solo entiendan la importancia de la D&I LGTBI, sino que también estén en disposición de tomar medidas concretas para asegurar que toda la plantilla sienta su empresa como un espacio laboral seguro e inclusivo. Quedan 364 días para que en el próximo Orgullo no os tildemos de empresas que ejercen el pinkwashing.