La materia gris en la innovación social de las entidades LGTBI

Se conoce como materia gris o sustancia gris al elemento que constituye ciertas zonas del sistema nervioso central (cerebro y médula espinal) y cumple con la función vital de ser la receptora de la información y la encargada del pensamiento, es decir, del raciocinio y la memoria en sus diversas áreas y acepciones. La capacidad lingüística, la percepción, la interpretación, la abstracción y un enorme etcétera de funciones mentales y cognitivas dependen de la materia gris y las conexiones entre sus múltiples tipos de neuronas. Es decir, gracias a la materia gris surgieron modelos de pensamiento complejos, creativos y abstractos. 

Si aplicamos este mismo concepto a las entidades LGTBI cabría preguntarnos dónde se encuentra ahora mismo la materia gris en las mismas. O dicho de otra manera, qué personas en el ámbito LGTBI son las receptoras de la información social existente y las encargadas de ponerle al movimiento raciocinio y memoria en sus diversas áreas y acepciones. Quién tiene actualmente la capacidad comunicativa, la percepción de las cosas y el talento de interpretación y abstracción de la realidad.

Las entidades LGTBI carecen en muchas ocasiones de modernidad y no están sabiendo desarrollarse en entornos altamente cambiantes, en parte, debido a su falta de profesionalización. Las tecnologías caducan rápidamente y con ellas sus ventajas, dejando atrás toda una infraestructura creada para su desarrollo. La falta de voluntariado y de activistas de la que adolecen las ONG LGTBI debido, en parte, a que las entidades LGTBI se están centrando en la prestación de servicios y no en la socialización y la reivindicación tampoco posibilita establecer herramientas de innovación.

En este punto, las entidades LGTBI están obligadas a buscar alternativas para superar los retos presentes, los futuros y mantenerse con vida alcanzando unos estándares básicos, pues nunca son de máximos, en su eficiencia, eficacia y calidad. 

Sin desmerecer el trabajo de ninguna organización y hablando únicamente de innovación social, para mí, el mayor proceso de innovación en las organizaciones LGTBI ha sido su segmentación en el movimiento LGTBI, existiendo grandes organizaciones que trabajan sectores concretos de la población LGTBI como son las personas mayores (Fundación 26 de diciembre), las personas LGTBI migrantes y personas solicitantes de protección internacional (Kif Kif y ACATHI), el VIH especialmente entre hombres gais, bisexuales y otros hombres que tienen sexo con hombres (Stop, antiguamente conocido como Stop Sida), la LGTBIfobia y los incidentes y delitos de odio (Observatori contra l’homofòbia de Catalunya), la incidencia política y la presencia en la escena pública de las personas no binarias (No Binaries España), la defensa de la infancia trans (Chrysallis AFMT), el trabajo en cooperación internacional para personas LGTBI (Fundación triángulo), el deporte en las personas LGTBI (Agrupación Deportiva Ibérica LGTBI+) o la defensa de las familias LGTBI (Galehi) y otras tantas que ha hecho que actualmente las consideremos como las mejores en su campo. 

Pero este proceso de innovación también ha debilitado al movimiento porque hemos pasado de contar con una única voz unánime a nivel estatal, la de la Federación Estatal LGTBI+, a haber múltiples voces, en muchas ocasiones contradictorias, y todas válidas y legítimas. Un claro ejemplo de ello es que no fue hasta el pasado sábado 10 de diciembre, día mundial de los derechos humanos, cuando pudimos ver a casi todas las organizaciones LGTBI+ representativas del movimiento LGTBI unidas por una causa común que lleva años atascada. Lo nunca antes visto, ni siquiera imaginado hace un lustro, y no porque no fuera importante unirse, sino porque existían distintos objetivos por parte de cada organización. 

Si bien es cierto que yo tengo la certeza de que a través de la innovación social es como muchas entidades LGTBI podrán sobresalir en un océano de organizaciones LGTBI de todo tipo, con servicios similares, ofertas parecidas y donde se hace cada vez más difícil diferenciarse del resto, también creo que las entidades LGTBI deben dar un paso adelante para estimular ese ambiente de innovación en sus espacios y prepararse para cometer errores y para alterar las relaciones de poder

Mi respeto por las organizaciones LGTBI es mayúsculo porque he trabajado en ellas y conozco lo que sucede dentro, pero también porque creo en ellas y sé que las desigualdades y las violencias no son abstracciones, sino evidencias devastadoras. Por ese mismo motivo, las iniciativas para reducir las consecuencias de la LGTBIfobia deben mejorarse y, para hacer frente al odio y la discriminación, la innovación social supone una respuesta más que viable. Yo aquí también ofrezco mis servicios porque tengo experiencia en la materia, ¡cuenta conmigo para construir algo fantástico!

Innovando socialmente

Las entidades LGTBI deben ofrecer soluciones nuevas a un problema social que, si bien no es nuevo, sí se presenta de maneras distintas. Y esas soluciones deben ser más efectivaseficientessustentables y justas que las soluciones que estamos dando actualmente y cuyo valor agregado aportará principalmente a la sociedad, y especialmente al colectivo LGTBI y a nuestras familias, un todo. Y, es que, para innovar socialmente sólo hace falta la capacidad de pensar ideas diferentes y la actitud para llevarlas a cabo.

Ahora bien, no es tan sencillo. Para promover el bienestar general, y particularmente el de las personas LGTBI y nuestras familias, y combatir las desigualdades, en especial la LGTBIfobia, se deben desarrollar proyectos multidimensionales que den respuesta a problemas estructurales y las propuestas de este tipo deben contar con, a mi juicio, las siguientes características:

  1. Contar con soluciones transversales, escalables, sostenibles y replicables
  2. Ser proyectos trascendentes.
  3. Contar con una importante base social y un compromiso de todas las partes.

En definitiva, creo necesario que las entidades LGTBI deben pararse a pensar, respirar e invertir tiempo y esfuerzo en mejorar su materia gris como requisito para innovar socialmente y poder dar respuestas efectivas a entornos tan cambiantes.