Las entidades LGTBI ante la encrucijada de la independencia o de las alianzas estratégicas y el pinkwashing

Si hemos colaborado de alguna manera con una organización LGTBI o hemos pensado en hacerlo después de ver alguna campaña, de que una amistad nos haya contado que ha colaborado de alguna manera o porque nos sentimos parte de la comunidad LGTBI y vemos necesario apoyarlas de manera económica, seguramente se nos haya venido a la cabeza la pregunta de cómo consiguen llevar a cabo todos sus proyectos, financiar tantas cosas y ayudar a tantas personas.

Los recursos de los que disponen las entidades LGTBI, y todas organizaciones que no tienen ánimo de lucro, varían dependiendo de su tamaño y su ámbito de acción, pero generalmente cuentan con varias opciones que las van a hacer más o menos independientes en su ámbito de actuación. 

Aún con los muchos recortes presupuestarios existentes por parte las Administraciones Públicas para la financiación de las ONG, las instituciones públicas siguen poniendo en marcha convocatorias y mecanismos de financiación para proyectos a los que pueden optar las diferentes organizaciones no gubernamentales. 

Pese a que los fondos públicos sean el principal recurso económico de las entidades LGTBI (convocatorias europeas, estatales, regionales, provinciales, locales, comarcales, insulares, etc; convenios específicos; concursos y contratos públicos; etc), las trabas a las que se enfrentan son muchas, pues deben afrontar esos recortes de presupuestos pero también deben enfrentarse a los cada vez más altos niveles de burocracia que ralentizan la puesta en marcha de proyectos – recordemos que las ayudas suelen convocarse una vez al año -, el retraso en los pagos, la gran competencia que existe entre las ONG de nuestro país, y a la que a mí siempre me ha provocado más inquietud y es que optar a estas aportaciones no garantiza la independencia de la entidad, sino más bien todo lo contrario. 

Según un informe de ESADE y Fundación «la Caixa», de 2014, el 60 % del capital de la mayoría de las ONG españolas provenía de fondos públicos, si bien la tendencia actual está cambiando, el peso principal no sigue estando en las donaciones privadas, muchas de ellas procedentes de empresas concienciadas con el cambio social y otras que vienen de personas a título individual.

Además de las vías de financiación, las ONG reciben otras ayudas como la del capital humano: su voluntariado y, en organizaciones LGTBI, su equipo de activistas (dejo la diferencia entre ambas figuras para reflexiones posteriores). 

Y este capital humano es fundamental para sacar adelante muchos proyectos y servicios que desarrollan las organizaciones LGTBI, abaratando costes. Pero como ya dije en una de mis reflexiones anteriores, éste no es el camino, pues debemos profesionalizar el sector

Esta situación de precarización del sector obliga a las entidades del tercer sector, y concretamente a las LGTBI, a mejorar sus tradicionales vías de financiación y a buscar nuevas. Y contamos con ejemplos muy buenos en este sentido. Amnistía Internacional es un claro ejemplo de independencia, como también lo es Greenpeace, entre otras, porque desarrollan su trabajo con absoluta independencia económica ya que no aceptan subvenciones de Gobiernos nacionales ni donaciones de partidos políticos o empresas para desarrollar su labor. De este modo logran preservar su imparcialidad y libertad de acción frente a gobiernos, empresas y otras organizaciones.

Y, es que, para captar nuevas fuentes de ingresos económicos, las ONG LGTBI deberían invertir parte de sus recursos en estrategias para conseguirlos y hacerlo a través de distintas vías, como es la fidelización a pie de calle o la publicidad. Aunque yo también tengo mis muchas reservas también en la primera de ellas. 

Debemos ser conscientes de que España es uno de los países europeos que cuenta con un menor porcentaje de personas que donan a la solidaridad (un 19 % frente a un 61 % en Austria, por ejemplo) y para aumentar la colaboración, las ONG deberían organizar campañas con un mayor y mejor retorno, a través de las cuales les aportara una mayor visibilidad y recursos. Además, deberían seguir captando personas asociadas y financiarse con sus propias cuotas. A mi juicio, deberían apostar mucho más por el apadrinamiento, la financiación colectiva mediante sistemas de crowdfunding solidariolegados solidarios y mejorar mucho otros sistemas como la venta de productos o servicios (comercio justo merchandising), así como seguir organizando eventos para la implicación económica, y no sólo social, de las personas asistentes como cenas, conciertos o rifas benéficas, etc. 

Y aquí, de nuevo, se hace necesario contar con personal especializado en el trabajo con el sector privado porque para la búsqueda activa de nuevos ingresos, se debe contar con personal que conozca técnicas de marketing, comunicación y recursos humanos

Mucha parte del tejido empresarial español está apostando por ayudar específicamente a colectivos o proyectos, también LGTBI, a través de la financiación de proyectos concretos, el patrocinio privado o el mecenazgo. Dado que las actividades de estos tres últimos casos pueden incluso llegar a formar parte de la Responsabilidad Social Corporativa de una empresa, por parte de las organizaciones LGTBI se debería contar con un interlocutor especializado en la materia que hable el lenguaje empresarial y no sólo un lenguaje con base en los derechos humanos, que también. 

Y aquí, de nuevo, y me repito y me repetiré, las entidades LGTBI no cuentan, de manera general, con una persona especializada en las relaciones con las empresas y las alianzas corporativas y estratégicas. Yo aquí también ofrezco mis servicios porque tengo experiencia en la materia y tengo el firme convencimiento de que es la solución viable para el sostenimiento de las organizaciones LGTBI tal y como están concebidas en la actualidad. Por eso, si necesitas que te eche una mano, ¡cuenta conmigo para construir algo fantástico!

Alianzas estratégicas en las entidades LGTBI sin caer en el Pinkwashing

En estos últimos años, muchas empresas están poniendo el foco en conseguir que su modelo de negocio sea responsable socialmente, haciendo compatible su actividad empresarial con criterios éticos, que tengan en cuenta la sostenibilidad del planeta y la justicia social. Empresas internacionales, nacionales y de ámbito autonómico o local empiezan a estar de acuerdo en crear sinergias y participar como agentes de cambio social

En este sentido, las empresas tienen muchas razones para tejer relaciones estratégicas con organizaciones no lucrativas y las entidades LGTBI deben aprovechar esta oportunidad, como ya he reflexionado anteriormente, y ofrecer de forma proactiva una serie de propuestas interesantes y proyectos sociales para poder presentarlos como propuestas de colaboración con el mundo empresarial.

Antes de eso, quizás, las organizaciones LGTBI deberían tener muy presente que la persona responsable de las relaciones estratégicas forma parte de su equipo técnico y que este equipo técnico requiere de una dirección que asuma una serie de responsabilidades. Entre ellas, la de velar por el sostenimiento financiero de la organización, desarrollando e implementando sistemas de recaudación de fondos que aseguren la buena salud económica de la entidad. A lo largo de mi carrera profesional me he encontrado en innumerables ocasiones con personas que dudaban sobre cuál es el papel de la dirección general de la entidad LGTBI frente a sus juntas directivas o patronatos, pero este artículo de Dominique Gross para diagramconsultores.com da tips bastante claros sobre esta cuestión y resuelve las dudas básicas que pueden surgir al respecto.  

Las ONG LGTBI pueden aprender de las empresas métodos y sistemas de trabajo más eficaces y eficientes que les permitan obtener mejores resultados, así como también creo que los departamentos de recursos humanos o aquellos responsables de la RSC de la empresa pueden aprender a incorporar modelos de convivencia que funcionan tan bien dentro de las entidades LGTBI. Pero ni de lejos éste es el motivo por el cual se afianza una alianza estratégica entre una organización LGTBI y una empresa. 

Para mí, los motivos los resumiría en los siguientes:

  1. Las personas con capacidad de toma de decisión, profesionales de su sector, son sensibles a los problemas sociales e implican a sus empresas para ser agentes clave en el cambio social. 
  2. Los productos y servicios de las empresas tienen relación con las actividades de las entidades LGTBI y/o comparten un mismo target y similar audiencia.
  3. Las empresas quieren posicionarse como organizaciones éticas y responsables y buscan un socio entre las entidades LGTBI, eso sí, sin caer en el Pinkwashing, del que hablaré más abajo.  
  4. Cada vez más empresas incorporan en su política interna su intención de colaborar con alguna entidad social mediante proyectos sociales porque forma parte de su cultural empresarial, por lo que es obligación de las ONG LGTBI dar a conocer de manera proactiva sus proyectos. 

El éxito de una buena estrategia de alianzas entre las ONG y las empresas consiste en tener una buena comunicación y ser capaces de mostrar la transparencia económica, los logros obtenidos, visibilizar la misión y los programas sociales en las páginas web y en las redes, que deben ser usadas correctamente, tener una capacidad manifiesta para informar sobre las noticias más relevantes en las campañas de email marketing, etc. 

Sea como fuere, de nada sirve tener proyectos sociales muy bien trabajados y financiados por fondos públicos que limitan la capacidad de incidencia política de la entidad LGTBI precisamente porque vienen de fondos públicos. De nada sirve tampoco si la organización LGTBI no comunican bien y no consigue fondos privados a través únicamente de su propia acción. 

Cabría preguntarnos, como conclusión de esta reflexión que es más profunda de lo que en principio me planteé, si las entidades LGTBI se han parado a pensar qué tipo de organización quieren ser: aquella que quiere trabajar la diversidad LGTBI eliminando las violencias y discriminaciones de la sociedad o aquella que quiere gestionar la diversidad en una sociedad hostil. La incoherencia de querer estar entre estas dos opciones provocará, a medio y largo plazo, problemas grandes de credibilidad para la propia organización. 

Y en medio de toda estrategia de alianzas con empresas, aparece el pinkwashing que, como todas las variantes whitewashing, no deja de ser el término que utilizamos desde el movimiento LGTBI para criticar la falsedad en las estrategias de comunicación y marketing consistentes en mostrar la implicación de una empresa (o institución) reivindicando el movimiento LGTBI apropiándose de su lucha y argumentos únicamente para ganar simpatía y mostrarse como una empresa o institución moderna y progresista cuando en realidad no promueven ninguna política favorable al colectivo LGTBI, sino que se usa únicamente una estrategia propagandística.

Relacionado con estos términos, podemos hablar también del “capitalismo rosa” o “mutante” mediante el cual empresas e instituciones usan al movimiento LGTBI para crear negocios enfocados al público hasta ahora discriminado buscando únicamente la oportunidad de lucrarse sin impulsar medidas favorables de transformación social, ni garantizar derechos ni acceso a recursos para el bienestar de las personas LGTBI. 

Dicho todo esto, que exista el pinkwashing no quiero decir que las empresas deban temer a mostrar su apoyo o a unirse a causas sociales, sino que las empresas deben ser coherentes entre lo que dicen y las políticas lo respaldan

La organización pionera en acuñar el término “whitewashing”, la Breast Cancer Action, proponía cuatro preguntas para saber si una empresa está cometiendo pinkwashing o está realmente implicada con la causa. Y, aunque estas preguntas están planteadas en el marco del cáncer de mama, podemos adaptarlas para identificarlas en el pinkwashing y en cualquier otro tipo de whitewashing. 

  1. ¿La causa tiene que ver con la marca de la empresa? Cabe preguntarse si la causa responde a los valores de la empresa o si este apoyo favorece únicamente a la imagen cuando se habla de ello.
  1. ¿La empresa está invitando a la reflexión? La empresa debe tener en cuenta si está ayudando a visibilizar la causa: el problema y las soluciones. 
  2. ¿La empresa promueve la causa a nivel interno? Toda empresa sabe que la reputación tiene mucho que ver con la situación del equipo de empleados de la empresa, por lo que, si se defienden unos valores concretos, deben formar parte de la comunicación y la política internas
  3. ¿La marca se compromete para siempre? La empresa, para defender una causa o un movimiento concreto, debe trabajar por visibilizar y aplicar constantemente políticas que lo favorezcan.

En definitiva, en España, sobre todo a partir de la década de los 90 del siglo pasado, han surgido muchas y muy diversas organizaciones, agrupaciones y espacios LGTBI de muy distinta naturaleza (mayoritariamente con una agenda LGTBI blanca, de clase media y habitante de los países de la Europa occidental, postergando o ignorando las características y problemas de la población LGTBI del resto del mundo) que no se han preguntado si son organizaciones de incidencia política, de intervención social, mixta u otras. Y sin esa pregunta, ¿cómo vamos a poder reflexionar sobre el modelo de financiación que sostendrá nuestra organización?