Al hilo de mi reflexión anterior, para abordar los retos de las políticas LGTBI en 2023 me centraré esta vez en el segundo pilar-foco que, a mi juicio, es importante y urgente: los espacios.
Por supuesto, los tres que yo abordo no son los únicos espacios que deben ser atendidos porque existen otros como los centros penitenciarios, los centros de acogida de migrantes, las casas para personas víctimas de violencias, etc., pero como ya comenté en mi reflexión anterior, sí considero a estos tres como prioritarios.
A falta de que termine este 2022, yo ofrezco mis servicios también en la asesoría y consultoría en políticas LGTBI. Si necesitas que te eche una mano, ¡cuenta conmigo para construir algo fantástico! Los retos son muchos y muy complejos, por lo que se hace necesaria la colaboración y el trabajo con fórmulas disruptivas que eviten las desigualdades.
En esta segunda reflexión sobre los objetivos para 2023 hablo de espacios porque los espacios nos sitúan y nos otorgan rango y distinción, nos los niegan, nos silencian o ningunean. Los espacios están, de manera general, definidos por y para su uso concreto y están organizados hegemónicamente por quien ostenta el poder. Por esto, antes de que los espacios se visualicen para un uso u otro, se imaginan, se piensan y se proyectan. Y por ello, gran parte de la realidad, transcurre en espacios simbólicos.
Foco 2: Los espacios
Los centros de trabajo
Diferentes iniciativas han concluido con la importante necesidad de que en los espacios laborales se respete la diversidad, instando a las empresas a observar las ventajas que entornos de trabajo inclusivos producen en el clima laboral y en el desarrollo profesional del personal trabajador LGTBI, desde una perspectiva de beneficios para la empresa.
Yo mismo, cuando presenté los resultados del proyecto EMIDIS de FELGTBI+ en el año 2020, mediante el cual empresas y organizaciones pueden obtener un diagnóstico de su trabajo en la diversidad LGTBI e información sobre el posicionamiento de su organización en ese ámbito, pude hacer propuestas de recomendaciones operativas para conseguir entornos laborales inclusivos y libres de violencia contra las personas LGTBI.
El empleo es un factor esencial para la inclusión social de todas las personas y también lo es para las personas LGTBI pero muchas empresas no han desarrollado medidas eficaces para hacer más diversos sus centros de trabajo.
Según el último estudio realizado desde el área confederal LGTB de UGT, las personas trans tienen una tasa de desempleo del doble con respecto a las personas cis. Casi un 20% de las personas trans encuestadas en su investigación aseveran haber sufrido algún tipo de violencia sexual y un 61% no fueron defendidas por sus compañeras y compañeros de trabajo. En este mismo sentido, cobra relevancia una investigación de la FRA (European Union Agency for Fundamental Rights) que concluía que el 77% de las mujeres trans había sufrido discriminación a la hora de buscar trabajo. Y cuando consiguen empleo, se enfrentan al silencio y a la vuelta al armario, un 58% de estas mujeres se oculta y no habla de su condición en su ambiente de trabajo.
A todas luces, se hace necesario eliminar la preocupante tasa de discriminación que hay en las empresas y convertirla en una herramienta útil para luchar contra la exclusión que sufren las personas trans, especialmente. Aunque no sólo ellas. Yo soy un ferviente convencido de que las empresas no deben de estar solas a la hora de combatir la LGTBIfobia en sus espacios porque es un tipo de discriminación que genera importantes riesgos psicosociales en quienes la sufren, por lo que la prevención del acoso laboral por este motivo debe formar parte también de las políticas de prevención de riesgos laborales de cada organización pero se debe contar con especialistas en políticas LGTBI para poder transformar la cultura existente.
No podemos pasar por alto la preocupación por ocultar la orientación sexual y/o la identidad de género de las personas LGTBI en el trabajo ya que es una de las dificultades a las que miles de personas trabajadoras LGTBI se enfrentan a diario.
Las empresas deben, a mi juicio, afrontar el reto de generar espacios seguros donde sus empleadas y empleados puedan desarrollar al máximo sus competencias. La productividad y la retención y gestión del talento están relacionados con la gestión de la diversidad e inclusión de la igualdad por parte de las organizaciones.
Los centros educativos
En España, la discriminación de la que tradicionalmente viene siendo objeto las personas LGTBI, expresa su mayor grado de violencia en la vulneración sistemática de sus derechos en el ámbito escolar.
Según el estudio antes mencionado de la Agencia de los Derechos Fundamentales de la Unión Europea (FRA) apunta que más de 8 de cada 10 participantes en una encuesta especializada han sido testigos de algún tipo de comentario o conducta negativa hacia algún compañero o compañera LGBTI durante su escolarización.
A mi juicio, hablar de los centros educativos como espacios donde trabajar la igualdad, equidad e inclusión de las personas LGTBI no debe circunscribirse únicamente al curriculum académico, que también, sino que debemos incidir en la importancia del espacio en sí mismo ya que son condicionantes muy importantes en las relaciones humanas.
Y, es que, la distribución del espacio en los centros educativos forma parte del currículum oculto de los mismos y las referencias al género en la distribución del mismo así lo demuestran. La dimensión del centro educativo como laberinto espacial se traduce en limitaciones para las mujeres y para aquellas personas que no se ajustan a las normas de género, también para muchas personas con discapacidad.
La distinta visión del espacio tiene origen evolutivo y la división de las funciones de los géneros es consecuencia de la división en el sistema productivo. Soy un firme convencido de que es posible ver el espacio con ojos distintos a los del propio género porque aquí de lo que se trata es de educar en igualdad y diversidad y de que todas las personas compartamos la misma visión de los espacios para abarcar un ámbito más abierto, dinámico, justo e igualitario.
Si creemos que la educación es la herramienta esencial para construir una sociedad solidaria en igualdad y alejada de prejuicios debemos planificar y desarrollar correctamente la educación: enseñar y aprender de otra manera, cambiar la mentalidad del alumnado, del profesorado y de la comunidad, modificar la forma en la que se trabajan los espacios y mejorar la actitud de las autoridades educativas.
Las administraciones públicas
Uno de los objetivos de todo gobierno es erradicar las situaciones de discriminación. En cuestiones LGTBI se debe asegurar que en España se pueda vivir la orientación sexual, la identidad y la expresión de género y la diversidad familiar con plena libertad. Además, las Administraciones Públicas tienen un papel relevante en mejorar las oportunidades en el empleo público de las personas LGTBI. El objetivo central del trabajo es constatar la importancia de apostar efectivamente por administraciones públicas más diversas, inclusivas e igualitarias.
Debemos tener muy presente que en cuestiones LGTBI se debe contar con políticas públicas activas que garanticen los derechos de las personas LGTBI porque no contamos con ellas, de manera general. Los servicios para personas LGTBI mayoritariamente están impulsados por el tejido asociativo y asistencial con el que cuenta el movimiento LGTBI organizado que, para quien no lo sepa, es muy irregular, disperso y no siempre fácilmente localizable (la Dirección General de Diversidad Sexual y Derechos LGTBI del Gobierno de España los ha recopilado en un mapa interactivo).
Si nos fijamos en otro mapa, en el mapa e índice anual Rainbow Europe, elaborado anualmente por ILGA-Europa y en el que se clasifica la situación legal y política de las personas LGTBI en 49 países europeos durante los últimos 12 meses, en líneas generales, España muestra una tendencia descendente y ha bajado 4 puestos en la clasificación europea.
España no forma parte del top ten de países que trabajan adecuadamente la diversidad y la inclusión LGTBI según este informe (se sitúa en el puesto 11º de 49 países), lo que indica que se está ralentizando el progreso de los derechos del colectivo en el territorio español. Esto es particularmente grave si tenemos en cuenta que España ha sido siempre un referente en derechos LGTBI (no olvidemos que en 2011 ocupó el 2º puesto en el ranking).
En mi opinión, deberíamos poder trabajar en elementos que incorporen enfoques más interseccionales en la función pública y concreten un cambio de paradigma organizacional hacia la diversidad, aún por plasmar.
A lo largo de los próximos días, terminaré mi reflexión sobre los retos que deberíamos abordar a lo largo de 2023 en cuestiones LGTBI hablando de los ámbitos.