¡Hola, red!
Llevo ya muchas semanas sin escribir nada y, en parte, es porque no me ha dado la vida. No he tenido un tiempo real para pensar y escribir algunas líneas de valor. A mí, escribir por escribir para mantener la audiencia estable no me gusta demasiado.
Pues bien, precisamente hoy, que sí he sacado unos minutos para pensar en qué estoy últimamente, me he lanzado a escribir unas palabras sinceras que también me sirven para decirme a mi mismo en qué estoy últimamente.
Lo que me ha sucedido estas últimas semanas cuando afirmo que no me ha dado la vida no es que estos últimos cuatro meses nadie me haya robado tiempo; más bien, todo lo contrario. No me ha dado la vida porque he sido yo quien le he robado tiempo a mi vida colaborando y colaborando con entidades y personas.
Como profesional, a mi lo de «trabajar para» no me convence; yo «colaboro con» las organizaciones en un win – win mutuo.
Que vivimos en una sociedad tan rápida que lo que marca la diferencia en lo laboral y en lo activista es, por desgracia, y en muchas ocasiones, la velocidad no es algo que yo haya descubierto sino que lo acabo de vivir en exceso. Lo que me ha hecho correr demasiado durante estos últimos cuatro meses – y ha provocado que derrapara en más de una curva – no han sido las diferentes colaboraciones que he realizado, sino mi ansia por aprender, desaprender y volver a aprender.
Os cuento.
Actualmente llevo colaborando de manera estable con Océano Atlántico unos ocho meses y mi colaboración con el Observatorio esta cerca de cumplir los 18. En ambos casos, son cooperaciones estables: con horarios fijos, funciones establecidas y demás cuestiones laborales – voluntarias.
Entre medias de ambos corsés, he tenido la suerte de poder colaborar con multitud de entidades diferentes: administraciones públicas, profesionales independientes, entidades del tercer sector, empresas, colegios profesionales, universidades… y durante este todo ese tiempo la vida me ha recordado algo fundamental: mi crecimiento profesional y personal no trata únicamente de avanzar en mis objetivos, trata también de saber cuándo es necesario hacer una pausa, mirar atrás y reforzar los aprendizajes.
Con Océano colaboro desde lo operativo y este hecho me ha recordado cosas que tenía olvidadas en el liderazgo de equipos. Sí, resulta que dejar a un lado lo estratégico para aterrizar cuestiones y abrazar lo táctico también me está enriqueciendo en lo estratégico, en mi colaboración con el Observatorio, especialmente. Sí, volver a lo aburrido de lo operativo (porque, coincidiréis conmigo en que lo operativo es aburridísimo 😉 ) me está posibilitando ejercer mi trabajo mucho mejor desde otras posiciones: cuando colaboro con otras organizaciones, equipos o en otros espacios. Sí, afino más y mejor.
Y aquí me quiero detener hoy.
En el Observatorio, cada día, cada semana y cada proyecto es un reto aún mayor que el anterior. Podría ser un quebradero de cabeza enorme porque requiere liderar equipos multidisciplinares que trabajan a diferentes ritmos y en los que un proceso de trabajo estándar no es suficiente para cubrir los retos diarios pero es todo lo contrario. Para mí, cada locura de engranaje que conlleva un proyecto nuevo me parece una oportunidad de crecimiento constante.
Y lo digo con orgullo, no sólo como profesional, sino como una persona que busca generar impactos realmente notorios en su entorno: no me gusta conformarme ni estancarme. Soy exigente y me gusta la exigencia y me aburre pensar en paralízarme haciendo lo que ya sé hacer, en lo que creo que ya sé hacer o en lo que no me gusta.
En paralelo, pienso que ante los dos retos estructurales que tiene mi país, Aragón, como son la despoblación y el envejecimiento de la población, Océano Atlantico, la otra entidad con la que colaboro de manera estable, me sorprende sobremanera para bien. Y lo hace porque la empresa entendió hace mucho tiempo la importancia de la implantación territorial y del trabajo desde la cercanía, demostrando que todos esos retos son a la vez oportunidades. ¡Ojalá tener esa presencia en el territorio en otras organizaciones!
Que tengo aspiraciones laborales y de voluntariado que van más allá de lo que estoy haciendo actualmente no es ningún secreto. Hablo de esta cuestion de manera habitual con quien me saca el tema. A la vez, y echando la vista atrás, pienso que en mi vida laboral y voluntaria he llegado a sitios donde ni siquiera pensé llegar hace 25 años, cuando me acerqué por primera vez al voluntariado.
Concluyo, y me digo en voz alta, y te cuento a ti, que me lees sin yo saber aún por qué: el camino a mis aspiraciones no siempre ha sido en línea recta; es más, pocas veces he caminado en línea recta. A veces, retroceder o volver a donde estabas hace unos años es la mejor estrategia para coger un nuevo impulso.
Hoy escribo estas líneas porque me doy cuenta de que, aunque agotado, porque estoy agotado y ansioso de que llegue el sábado por la tarde para descansar, sigo apostando por un crecimiento profesional y voluntario que me aporte ilusión, herramientas, capacitación y libertad de pensamiento; que me aporte retos y que no me aburra ni me enquiste en una silla, en un sillón o en un puesto. Aunque agotado, quiero seguir estando agotado colaborando y colaborando robándole tiempo a mi vida.