La semana en la que se ha puesto el foco en el silencio

Terminamos una semana en la que la clase política, el mundo periodístico y la sociedad en su conjunto estamos debatiendo, ¡por fin!, sobre el silencio en lo que a violencia machista se refiere. Quiénes callan, quiénes saben, por qué el silencio.

Estos días, la clase política, el mundo periodístico y la sociedad en su conjunto reflexionan, al menos, sobre si las actuales condiciones que permiten hablar y denunciar son una tarea colectiva y una responsabilidad que debemos asumir todas, todos y todes en un trabajo constante que evite la existencia de violencia, acoso, abuso de poder y combatamos así el machismo en todas sus aristas.

Yo, esta semana, no reflexiono. Afirmo con total rotundidad que la denuncia no es un proceso individual, debe ser colectivo. 

Quienes de alguna manera hemos sido objeto de violencia y abuso de poder sabemos que hablar, señalar y denunciar – que parece una tarea individual o la responsabilidad de la persona que sufre esa violencia o abuso de poder – no podemos estar solas. Y lo estamos. 

Pero esto no va di mí. Volviendo al debate público de la semana, lo que no puede ser es que la responsabilidad de hablar recaiga en las mujeres: sólo y únicamente en las mujeres. No puede ser que sean las mujeres las que únicamente deban hacerse cargo de hablar, de contar lo que les sucede, de emprender cualquier tipo de acción, de buscar justicia y reparación… o de callar. 

La duda, hagan lo que hagan, digan lo que digan, estará ahí. Siempre habrá preguntas que sirvan para dudar de su conducta, siempre habrá aspectos para juzgarlas, para cuestionarlas, para deslegitimarlas

Un problema estructural como es el machismo no puede resolverse de manera individual. Las respuestas deben ser siempre colegiadas, colectivas, de comunidad. Responsabilizando individualmente a las mujeres fingimos que nadie más tiene nada más que hacer ni puede hacer más. 

Y ¡gracias, feministas!, vaya siempre mi reconocimiento por delante, no puede ser que sean siempre otras mujeres feministas las que se encarguen de abrir esos espacios o esas conversaciones, de intentar cambiar las dinámicas y de pelearse contra la estructura. Somos los hombres también quienes debemos romper los pactos de silencio.

¿Cómo una mujer va a hablar o a qué precio lo va a hacer si en su entorno la señalamos como a una loca, una mentirosa, una exagerada o como una pieza dentro de una conspiración mayor?