Transparency is non-negotiable

¡Hola, red!

Esta semana me acerco desde mi pequeña ventana para reflexionar sobre la importancia de la transparencia en las ONG.

En mi opinión, la transparencia, en términos absolutos, es un principio fundamental en las relaciones entre empresas y organizaciones no gubernamentales en pleno siglo XXI y lo es porque el sector privado tiene cada vez más responsabilidad en el ámbito social, ambiental y económico y porque el tercer sector ya ha entendido que sin la RSE del sector privado no va a llegar muy lejos. También es verdad que desde la última década las expectativas sobre la actuación de las empresas ha aumentado considerablemente el mundo asociativo. 

Los stakeholders, incluyendo agentes inversores, consumidoras y consumidores, empleadas y empleados y la sociedad civil, demandan que las empresas mantengan ciertos estándares éticos y actúen de forma abierta y clara en sus colaboraciones con entidades del tercer sector.

En mi opinión, esta relación entre el sector privado y el tercer sector está caracterizada por un compromiso mutuo de generar impactos reales, pero para que esta colaboración sea efectiva y confiable, la transparencia no puede ser un elemento negociable. Es más, creo que la falta de transparencia, en cualquiera de los actores involucrados pone en riesgo la credibilidad de ambas partes y socava la confianza de los stakeholders, lo que lleva al fracaso de los proyectos conjuntos. Y lo digo por experiencia. 

En mi opinión, la confianza es esencial y, sin un nivel de confianza sólido, las relaciones se deterioran y el cumplimiento de los objetivos comunes se ve comprometido. Esto mismo sucede en las alianzas empresas – ONG. Ambas partes tienen la responsabilidad de ser claras en cuanto a sus expectativas, recursos, capacidades y limitaciones.

Para las empresas, la transparencia es fundamental porque les permite gestionar los riesgos reputacionales que podrían surgir de una asociación con una ONG que no actúe con integridad y las empresas que se asocian con organizaciones de dudosa credibilidad o que operan sin cumplir con altos estándares de transparencia pueden ver su reputación dañada, lo que puede afectar su valor de mercado, sus relaciones con inversoras e inversores y su posición frente a los consumidores. Pero a la inversa también sucede. 

Cuando una empresa y una ONG se asocian, ambas partes deben estar preparadas para rendir cuentas sobre sus respectivas contribuciones y los resultados obtenidos. En este caso, para las entidades del tercer sector, la rendición de cuentas implica mostrar que los fondos y recursos proporcionados por la empresa se están destinando de manera eficiente a las actividades que fueron acordadas y que están logrando los objetivos de la colaboración. Si no hay una meridiana claridad al respecto, aparecerá seguramente la desconfianza y, casí con total seguridad, el incumplimiento de los objetivos del proyecto.

Mi experiencia durante los últimos 20 años me dice que para implementar la transparencia de manera efectiva, es fundamental que desde el principio de la relación entre la empresa y la ONG se establezcan acuerdos claros que detallen las expectativas, responsabilidades y objetivos de ambas partes. Es más, y a ser posible, estos acuerdos deben incluir cláusulas específicas sobre la transparencia en la gestión de los recursos, la rendición de cuentas y la comunicación de resultados. Y todo ello bajo un paraguas que contemple los mecanismos de control y que impulse auditorías que se utilizarán para garantizar que ambas partes cumplan con sus compromisos. 

Pero ¡ojo! cuando hablo de auditorías me refiero a verificaciones internas o externas en tanto que herramienta de comunicación. Las ONG tenemos ciertos miedos – por desconocimiento, quizás – a lo que son las auditorías externas, porque sí contamos generalmente con nuestros propios mecanismos de supervisión. En este sentido, creo que es clave que ambas partes acuerden de manera explícita los métodos de auditoría que se utilizarán.

Finalizo mi reflexión de hoy haciendo un llamiento, de nuevo, a que empresas y, especialmente, ONG, se aseguren de contar con buenos proyectos. Si existe tal proyecto, la información relacionada con el mismo puede ser accesible para la empresa, por lo que no debe dar ninguna intranquilidad ofrecer la información financiera del mismo, así como otra relacionada con los objetivos, actividades y resultados del proyecto.

Las organizaciones del tercer sector que no son transparentes en su gestión de los fondos o en la implementación de proyectos corren el riesgo de perder la confianza de las empresas con las que colaboran, de donantes y de las administraciones públicas. Esto lo estamos viendo ya y a mí me parece dolorosísimo porque daña muchísimo al sector y, especialmente, a quienes deberían ser las personas beneficiarias de esa acción social.