El sistema sanitario universal es inaccesible para muchas minorías

Hola, red.

Esta semana vuelvo a reflexionar una vez más, porque ya lo hice en febrero del 2023 y – seguramente – me he vuelto a repetir, aunque en esta ocasión de manera muy breve, sobre un tema que me inquiera sobremanera: la inaccesibilidad a un sistema sanitario que debería ser universal en el estado español.

Sí, para muchas minorías sociales, esta cuestión no es un tema de derechos, que por supuesto, sino que es una cuestión de igualdad de oportunidades y un problema de justicia social

Nuestro sistema de salud debe ser, tiene la obligación de ser, absolutamente inclusivo para atender a toda persona, independientemente de su situación porque hace muchos años que entendimos, por lo menos, desde la socialdemocracia y la socialdemocracia liberal que la salud es un derecho y no es un privilegio. Y lo es sin excepciones, pero el sistema yerra. No así sus profesionales. 

Existe (de momento, porque recordemos las medidas del Gobierno Rajoy de 2012) el acceso universal al sistema sanitario del estado español pero, ¿esa accesibilidad es real? Por supuesto que no. 

Muchas minorías sociales (estoy pensando ahora mismo en personas con discapacidades, personas migradas en situación administrativa irregular, la comunidad trans, personas mayores solas, personas en situación de sinhogarismo y otros colectivos vulnerables) no encuentran en el sistema público de salud un lugar inclusivo y accesible sino un espacio lleno de barreras que van desde las dificultades físicas hasta problemas administrativos y prejuicios sociales. Un ámbito que rompe el principio de justicia social, el concepto de salud pública universal y cuestiona los propios derechos humanos. 

Mi reflexión de esta semana pasa porque repensemos que las instituciones no pueden pensar la ciudadanía a modo de buyer persona, como hacemos desde comunicación.

Muchas personas tenemos discapacidades diagnosticadas y no diagnosticadas que nos impiden acceder al sistema, no sólo porque existan barreras físicas, que también, sino de otro tipo (intérpretes de lengua de signos o tecnologías adaptadas, por poner un mero ejemplo), o existan barreras lingüísticas, miedo a deportaciones, pavor a que nos genericen como no somos o nos traten vulnerando nuestra dignidad sexogenérica, nos infantilicen o ni siquiera podamos llegar al sistema porque estamos solas, como es el caso de las personas mayores en situación de soledad no deseada o personas en situación de sinhogarismo. 

El sistema, todo el sistema, debe repensarse para superar las barreras de acceso al sistema sanitario. Termino esta semana gritando en voz alta que es absolutamente necesario implementar políticas inclusivas que reconozcan las necesidades específicas de toda la población por igual, incluidas las minorías sociales. Y sí, esto implica no solo adaptar las infraestructuras y servicios sanitarios, sino también formar a las, los y les profesionales del sistema sanitario (no sólo al personal sanitario) en diversidad y derechos humanos.