No sé si también lo habéis pensado, si habéis reflexionado sobre este tema o si habéis leído algo sobre lo que yo escribo hoy, pero esta semana reflexiono sobre la notable transformación que hemos sufrido la sociedad occidental y en la que hemos reestructurado nuestro tiempo y cambiado la forma en la que celebramos nuestra cotidianeidad desde aproximadamente hace 20 años a través de la modificación de nuestro calendario.
Me explicaré mejor. En el año 2000, aproximadamente, y, sobre todo, anterior a esa fecha, el calendario de muchas personas estaba profundamente influenciado por festividades y rituales religiosos, particularmente aquellos del calendario católico. Sin embargo, con la creciente secularización* y el cambio de valores, este paradigma ha cambiado notablemente y, hoy en día, el calendario de muchísimas personas en el mundo occidental está cada vez más fundamentado en días señalados que conmemoran causas sociales y eventos laicos.
Con secularización me refiero a la separación entre Iglesia y Estado, la laicidad de la educación o el control de las acciones eclesiásticas por la ley civil.
En mi reflexión de esta semana le doy una pensada rápida a cómo y por qué estamos viviendo esta transición e intento dar alguna pincelada sobre sus implicaciones.
Durante siglos, el calendario católico ha tenido una influencia predominante en la vida cotidiana de la gran mayoría de las personas en sociedades mayoritariamente cristianas. Días festivos como la Navidad, la Pascua, el día de todos los santos y otras fechas religiosas marcaban el ritmo del año. Estos días no solo eran momentos de celebración espiritual, sino que también estructuraban la vida social, familiar y laboral de las diversas culturas. Señalo algunos ejemplos muy claros:
- La navidad (25 de diciembre) conmemora el nacimiento de Jesucristo y es uno de los días más importantes en el calendario católico. En mi opinión, esta fecha tenía (y sigue teniendo) enorme arraigo en las tradiciones y afianza la forma en la que las familias deben organizarse y estructurarse.
- La semana santa (que incluye el domingo de ramos, el jueves santo, viernes santo y domingo de Resurrección) conmemoran la pasión, muerte y resurrección de Jesús y fijaban formas de actuación de la sociedad de manera muy clara y estricta no hace tantos años.
- El día de todos los santos (1 de noviembre) es un día para honrar a todos los santos conocidos y desconocidos y era un día de recogimiento enormemente importante.
Haciendo un repaso mental de todo el calendario católico te encuentras con una estructuración social estupendamente bien planificada por parte del poder moral a lo largo de todo el año, con los domingos como día central de control en todas las semanas.
Estos días conmemorativos, fueran festivos o no, no sólo eran importantes para la práctica religiosa, sino que también representaban momentos de descanso y reunión familiar bajo unos estrictos criterios de qué debía hacerse, cómo se debía comportar cada cuál y dónde debían llevarse a cabo las conmemoraciones, que ocupaban los espacios privados, sí, pero, fundamentalmente los públicos: escuelas, oficinas, comercios, calles, pueblos, instituciones y espacios religiosos.
A medida que la sociedad ha ido evolucionando y se ha ido desprendiendo de corsés, también lo han hecho sus valores y creencias. El camino hacia la laicidad está siendo un proceso gradual pero constante en las sociedades occidentales y, muy concretamente, en el estado español que durante 40 años estuvo bajo el yugo de una dictadura absolutamente asentada en valores católicos.
En mi opinión, el avance científico, el pluralismo religioso, el aumento del pensamiento crítico, el asentamiento de un sistema democrático (mejor o peor pero sistematizado) y, especialmente, de la universalización y gratuidad de la educación (aunque nos falta la superior) han contribuido a una disminución de la influencia religiosa en la vida cotidiana de las sociedades y las personas y nos han encaminado hacia sociedades más laicas que nos están llevado a una reevaluación de qué días son considerados importantes como sociedad y cómo debemos vivirlos y conmemorarlos.
En lo que respecta a mí mismo, por ejemplo, mi calendario anual está lleno de días internacionales, mundiales y nacionales dedicados a una amplia variedad de causas sociales que me llenan en mi día a día y me hacen moverme en esas fechas concretas. Pero no es algo puramente personal, muchas de estas fechas son reconocidas, conmemoradas y celebradas por gobiernos, organizaciones no lucrativas, empresas y ciudadanía de a pie.
Ejemplos de este nuevo calendario son el 8 de marzo, día de las mujeres, el 28 de junio, día del orgullo LGTBI, el 25 de noviembre, día contra las violencias machistas o, el 22 de abril, el día de la tierra. Entre otros muchos.
Creo sinceramente que la adopción de estos días por parte de la sociedad refleja un cambio en la percepción de lo que es realmente importante. Y, es que, mientras que la religión solía ser el eje central en torno al cual giraba la vida de las personas y se nos controlaba, en parte, a través del calendario, hoy en día nos inclinamos más hacia días que conmemoran cuestiones sociales fundamentadas en derechos humanos, así como en el bienestar general del propio planeta, un cambio que, desde luego, no está siendo sólo superficial porque está modificando la ética pública.
En mi opinión, las redes sociales han jugado un papel crucial en la popularización y el reconocimiento de estos días. Gracias a estas herramientas, las personas que trabajamos en comunicación teníamos perchas informativas para hacernos ver y valer ante la prensa y ante el mundo y con la llegada de plataformas como Facebook, X, LinkedIn, TikTok o Instagram nos ha permitido impulsar y animar a otras personas a compartir mensajes, información, participar en debates y, fundamentalmente, movilizar a la ciudadanía en torno a causas sociales, democratizando nuestro calendario.
Sí, creo que ese viraje de calendario asentado en causas sociales ha implicado una mayor conciencia social, una unificación de esfuerzos tremenda y, también, claro está, una diversificación de valores. En mi opinión, estamos viviendo una transformación profunda en los valores y prioridades de la sociedad occidental en su conjunto y debemos ser conscientes de ello: todos estos nuevos días forman parte de un todo: la defensa de los derechos humanos y del planeta en su globalidad.
No quiero finalizar mi reflexión semanal haciendo un breve ejercicio de lo que sería un «calendario alternativo laico». Lo hago a modo de ejemplo sabiendo que me dejo muchísimas causas sociales (puedes consultar el listado de días mundiales impulsado por la ONU desde aquí):
Día mundial de la paz (1 de enero)
Día escolar por la paz y la no violencia (30 de enero)
Día mundial contra el cáncer (4 de febrero)
Día de San Valentín (14 de febrero), que aunque tiene nombre religioso, es una celebración comercial- popular.
Día internacional de las mujeres (8 de marzo)
Día internacional de la felicidad (20 de marzo)
Día mundial de la salud (7 de abril)
Día del pueblo gitano (8 de abril)
Día de la Tierra (22 de abril)
Día internacional de las personas trabajadoras (1 de mayo)
Día mundial de la diversidad cultural para el diálogo y el desarrollo (21 de mayo)
Día del Orgullo LGTBI (28 de junio)
Día mundial del medio ambiente (5 de junio)
Día internacional de las cooperativas (primer sábado de julio en los países anglosajones)
Día mundial de la población (11 de julio)
Día internacional de la juventud (12 de agosto)
Día mundial humanitario (19 de agosto)
Día internacional de la alfabetización (8 de septiembre)
Día mundial de las personas docentes (5 de octubre)
Día mundial de la salud mental (10 de octubre)
Día de las personas en situación de sinhogarismo (26 de octubre)
Día internacional para la eliminación de la violencia contra las mujeres (25 de noviembre)
Día mundial del VIH y el sida (1 de diciembre)
Día de las personas con discapacidad (3 de diciembre)
Día de los derechos humanos (10 de diciembre)