Aposté, apuesto y apostaré por la innovación social en las organizaciones sociales

Era noviembre de 2013 y yo era el responsable de organización de la Asociación SOMOS LGTBI+ de Aragón. En sus segundos encuentros internos, denominados «Somosencuentros«, las personas que formábamos parte de la asociación (ya sólo quedan un par de personas de aquel grupo fundador) abordamos la innovación social a través de generación de ideas nuevas, el estudio de metodologías que desconocíamos y también revisamos los objetivos asociativos.

En aquellos somosencuentros impartí una ponencia denominada neoactivismo en la que abordaba la necesidad de que la organización no sólo se centrara en la incidencia política, que era fundamentalmente lo que hacía la entidades por aquel entonces, sino que, en paralelo, debía empezar a gestionar un área social- asistencial que tratara a las personas LGTBI que atendiéramos no como usuarias sino como agentes de cambio. El «asa de SOMOS» (Área social- asistencial de SOMOS) se fundó unos meses después y ése fue el germen del sistema de atención que funcionó en la organización hasta 2020. Después de esa fecha ya no sé cómo se han ido gestionando los servicios que ofrecen pero siguen ofreciendo muchos servicios, cosa de la que siempre me he alegrado mucho.

Pero no sólo en esa organización trabajé la innovación social. En Os Zagales no paramos nunca de generar nuevos proyectos muy diferentes entre sí y de gran calado social. A la actual FELGTBI+, junto a todo el grandísimo equipo técnico que me tocó liderar, le dimos una vuelta de arriba a abajo en sus proyectos y servicios, abriendo todas las ventanas que me dejaron e innovando en proyectos que son actualmente referentes estatales de inserción socio-laboral para personas trans como Yes, we trans!, y en HOGAR SÍ no se puede no innovar constantemente porque es parte de su idiosincrasia como organización.

A lo largo de toda mi carrera he podido llevar a cabo acciones de innovación social también a través de la formación. Así lo hice trabajando con Moisés Oliva en Tenerife, con Jorge López Esteban en toda la provincia de Teruel o en los diferentes centros aragoneses de referencia para la equidad y la innovación (CAREI) de la Consejería de Educación del Gobierno de Aragón, entre otras organizaciones e instituciones. En todas ellas, la innovación en la educación no formal y, fundamentalmente, la gestión de la D&I LGTBI fueron el foco de mi atención.

Esta semana reflexiono sobre este tema porque en prácticamente la totalidad de organizaciones en las que he tenido responsabilidades de gestión (¡o de formación!) siempre he apostado por la innovación social, por la revisión constante y por la tolerancia cero al inmovilismo.

Ahora mismo, en mi responsabilidad voluntaria de Director del Observatorio Privado de Evaluación de las Políticas Públicas LGTBI de Aragón, que cumple un añito de vida el próximo 17 de mayo, sigo apostando por la innovación social como pilar sobre el que asentar el progreso social y la adaptación de las organizaciones.

En mi opinión, la innovación social va más allá de la simple implementación de nuevas tecnologías o procesos. Pienso que implica un cambio profundo en la forma en que las organizaciones interactuamos con el entorno y respondemos a las necesidades sociales, que son cambiantes y lo son muy rápidamente. En esta línea, me gusta pensar que trabajando de esta manera se impulsa la creatividad, se fomenta la colaboración y se tejen nuevas redes de responsabilidad social.

La revisión constante es otra piedra angular de mi filosofía de trabajo. Supongo que esto nos pasa a muchas personas que hemos sido o somos saltimbanquis en el tercer sector. Y, es que, el tejido asociativo es muy dinámico pero también es muy volátil, por lo que la complacencia a mi me parece que es el enemigo de nuestro propio progreso. Por cierto, «saltimbanquis en el tercer sector» es una analogía de una expresión que utilizaba mi docente de docencia para el empleo para referirse a la docencia para el empleo. ¡Gracias, Susana por la inspiración!

Pienso sinceramente que si las organizaciones sociales no se adaptan ágilmente a los cambios y no se evalúan constantemente los procesos, políticas y estrategias, las entidades acaban sucumbiendo o no cambiando realidades. Y yo ahí no me veo… ¡Sí lo digo, Jorge!

Finalizo mi reflexión semanal sosteniendo una postura de tolerancia cero al inmovilismo y creo que todas aquellas organizaciones que se aferran al status quo corren el riesgo de quedarse atrás.

Para mi, estar en disposición a desafiar lo establecido, cuestionar las tradiciones arraigadas y abrazar el cambio como una oportunidad para la renovación y el crecimiento es casi una obligación.