¡Qué importante es el tercer sector para el sector privado!

Quienes trabajamos – o hemos pasado por el tercer sector – sabemos muy bien que el sector del que poco se habla es un motor de innovación y eficiencia que encuentra constantemente soluciones creativas y eficaces para abordar los desafíos a los que se enfrenta la sociedad presente y la futura.

El papel del tercer sector, compuesto por organizaciones sin ánimo de lucro y dedicado a abordar diversas problemáticas sociales, ha sido históricamente subestimado en comparación con el sector privado en lo que a gestión se refiere. Esto ha sido así porque la gestión se medía fundamentalmente en beneficios económicos sin tener presente otras cuestiones.

Durante la pandemia provocada por la COVID-19, el tercer sector demostró que se encontraba muy preparado para trabajar en situaciones extremas porque llevaba haciéndolo muchos años a través de su innegable capacidad de innovación y optimización de recursos.

El enfoque centrado en la comunidad, la colaboración y la participación ciudadana desde el que el opera el tercer sector lo han convertido en un actor crucial no sólo en la construcción de un mundo más justo, sino también en un motor económico. Es entonces cuando el sector privado ha puesto también el foco en él y ha ampliado miras.

Creo que una de las principales razones por las que el tercer sector ha sido un motor de innovación se ha debido a su enfoque en la resolución de problemas sociales complejos desde el arraigo en las comunidades a las que sirven, haciéndoles tener una comprensión muy profunda de las necesidades locales. Pero no sólo esto.

Trabajando de la mano de las personas beneficiarias, no viéndolas como usuarias sino como agente sociales de cambio, ha permitido al sector que su implicación directa en el desarrollo de programas y servicios respondan de una mejor manera a las necesidades reales de su población diana. Si bien es cierto, esto sólo sucede con las organizaciones que no trabajan desde prismas caritativos.

En este sentido, y en mi opinión, no sólo el sector privado demuestra experiencia en gestión, recursos financieros y capacidad de innovación. Como reflexiono esta semana, y, en muchas ocaciones, aunque precariamente, el tercer sector también cuenta con grandes gestoras y gestoras; es más, tiene el plus de ofrecer un profundo conocimiento de las necesidades locales, una gran red de voluntariado comprometido y una experiencia invaluable en la implementación de programas sociales.

La naturaleza colaborativa del tercer sector se ha demostrado eficaz en tanto en cuanto fomenta el intercambio de ideas y las buenas prácticas entre organizaciones similares y, a través de alianzas estratégicas, estas entidades han logrado aprovechar recursos compartidos, conocimientos especializados, infraestructura e, incluso, financiación. Una conexión, en definitiva, que ha permitido a multitud de organizaciones identificar soluciones innovadoras y sostenibles que han logrado adaptarse a las circunstancias específicas de cada contexto, a menudo con recursos limitados pero con un impacto muy significativo.

Muchas empresas ya se han dado cuenta de que están resultando muy positivas las sinergias que se provocan cuando ambos sectores coinciden, pues maximizan muchos alcances y mejoran la eficacia de sus programas y proyectos, fruto de la diversidad de perspectivas y enfoques.

Finalizo mi breve reflexión de esta semana haciendo un llamamiento al mundo empresarial para que sea consciente de los recursos que cada sector tiene y aproveche los puntos fuertes del tercer sector.