Hola, red. Esta semana reflexiono sobre la orientación laboral porque a lo largo de estos últimos meses he percibido que este servicio tiene algunas carencias importantes cuando se aborda según con qué personas.
De manera muy escueta, entiendo la orientación laboral como un proceso (y no como un fin) que está diseñado para ayudar a las personas a identificar y alcanzar sus objetivos profesionales y laborales.
En este sentido, entiendo también que proporciona orientación, apoyo y recursos a las personas que acuden a este servicio, no para que les solucionen sus problemas sino para que les acompañen en la toma de decisiones informadas sobre su carrera y desarrollo profesional: exploración de carreras, búsqueda de empleo, desarrollo de habilidades, planificación de carrera, adaptación a nuevas situaciones laborales y, seguramente, otras muchas situaciones muy dispares.
¿Qué he percibido yo últimamente? Fundamentalmente, falta de formación en diversidad LGTBI entre las personas profesionales de orientación profesional y, a falta de formación, ni pueden aplicar otras perspectiva ni pueden ponerse otras gafas, como decía en mi Pluma de esta semana para el Observatorio Privado de Evaluación de las Políticas Públicas LGTBI de Aragón.
Aplicar la perspectiva LGTBI en la orientación laboral no consiste en enfocar de manera inclusiva la atención dada, que también, sino que significa conocer las necesidades, desafíos y derechos de las personas LGTBI para saber cuál es el punto de partida que tienen esas personas a la hora de una atención o de un acompañamiento.
En mi opinión, para mejorar la orientación laboral y dotarla de una mayor perspectiva en diversidad sexo- genérica y familiar yo apostaría en primer lugar por proporcionar formación y sensibilización en cuestiones LGTBI al equipo de profesionales (añadiendo formación en uso del lenguaje, sesgos inconscientes y prejuicios, entre otros), para centrarme, a continuación, en los protocolos internos que cada organización debe tener en materia de no discriminación y, después, plantear la necesidad de establecer talleres de resiliencia – entre otros aspectos – ante la barrera de acceso al mundo laboral que tienen las personas LGTBI, especialmente, las personas trans, por el hecho de ser personas LGTBI.
En la orientación laboral se deberían incluir redes de apoyo y programas de mentoring específicos y, sin lugar a dudas, la orientación laboral debería facilitar el acceso a recursos de apoyo externos, como son las entidades LGTBI, a ser posibles, enfocadas al ámbito de la empleabilidad.
Si la perspectiva de género se ha mostrado como una herramienta indiscutible en las políticas laborales, para abordar de manera correcta la orientación de las personas LGTBI en el ámbito del empleo debemos ponernos unas gafas arcoíris para detectar que las barreras en la población general y las barreras en la población LGTBI no son las mismas: barreras en el acceso al empleo, ocultación de la orientación y la identidad, mobbing…
De nuevo, la formación en materia LGTBI impartida por profesionales, se presenta como urgente.