¿Quién se arremanga la camisa ante un voluntariado cada vez más virtual?

La semana pasada estaba leyendo con atención el post publicado en hacesfalta.org titulado «Cómo la tecnología está redefiniendo la acción ciudadana desde el voluntariado virtual» y, aunque compartiendo algunas de sus ideas, me asaltaron muchas dudas que sobre las que voy a reflexionar esta semana. 

El voluntariado y la participación en asociaciones, fundaciones y ONG es cada día menor y, desde la democratización de internet y la expansión tecnológica, las oportunidades de colaboración se han abierto, hecho que me parece maravilloso. 

Dicho esto, cada día veo más publicaciones de «ofertas de voluntariado» que se limitan a una participación virtual y muy pocas centradas en un voluntariado sobre el terreno, a excepción de aquellos programas destinados a la cooperación internacional. 

Si bien la accesibilidad que da la participación virtual ha redefinido la forma en la que podemos contribuir positivamente en las comunidades, colectivos o ámbitos de interés dentro del sector social, también es verdad que esas formas de participación dejan sin respuesta a los mismos problemas estructurales de los que adolecía el tercer sector desde aquellos tiempos, no tan remotos, donde internet y la tecnología no los llevábamos encima todo el día. 

Gracias a esa accesibilidad al espacio virtual, la ciudadanía de muchos lugares del mundo podemos participar, promover acciones solidarias y aportar nuestra experiencia a las causas que más nos motiven, pero debemos tener presente que muchas organizaciones sociales siguen teniendo grandes problemas y carencias en la captación y el sostenimiento de un voluntariado «presencial» que, además, únicamente puede ser «presencial».

Pensamos en el voluntariado porque debemos cuidar a ese equipo de personas que, de manera solidaria, libre, sin contraprestación y a través de entidades de voluntariado, dedican tiempo y esfuerzo a mejorar la calidad de vida de las personas y de la sociedad en general y a proteger y conservar el entorno. Pensamos en el voluntariado y por eso les ofrecemos una mayor flexibilidad y adaptabilidad a sus horarios y habilidades y eso está fenomenal porque es necesario saber gestionar personas desde el tercer sector.

¿Qué me preocupa entonces? Me inquieta mucho que las tareas y experiencias únicas que solo el voluntariado sobre el terreno («presencial», como he dicho antes) puede ofrecer queden relegadas a un segundo plano. Y me preocupa especialmente porque hay entidades con menor capacidad económica, muchas de ellas centradas en la intervención social, que no cuentan con personas para esas «otras labores» (presenciales) igual de indispensables.

En mi opinión, es maravilloso «brindar apoyo emocional a través de chats en línea», como dice el post de hacesfalta.org pero es esencial saber brindar apoyo emocional desde la presencialidad; es importantísimo «traducir documentos para ONG con presencia internacional o que trabajan con personas inmigrantes en busca de protección internacional», pero igual de  importante es que cuando esas personas acuden a las sedes haya personas con habilidades y capacidades para poder atenderlas. Es también importantísimo «participar en proyectos de desarrollo comunitario a distancia», pero, a mi juicio, eso es viable porque contamos con personas en el terreno que, como titulo en mi reflexión de esta semana, se «arremangan» en el terreno. 

Es verdad que una vía fundamental para tejer redes globales de colaboración en las que hacer una puesta en común de ideas, culturas, e intercambio de conocimientos es hacerlo a través de medios telemáticos, pero no es falso que conocer las ideas, culturas e intercambiar ideas se hace también desde lo cotidiano que ofrece la presencialidad. 

Ambas formas de voluntariado – el digital y el tradicional – no son incompatibles ni antagónicas y yo defenderé siempre un modelo híbrido que combine ambas fórmulas, pero me inquieta sobremanera que muchas entidades sociales, sobre todo las no – precarias y aquellas que ya han dado el paso hacia la profesionalización y la transformación digital, no cuenten con un equipo de personas que se arremanguen sobre el terreno.