¡Hola, amigas!
Os comunico que he sido galardonado con el tercer puesto en el primer concurso de relatos sobre Chemsex que convocó la pasada primavera la ONG Stop. Según han comunicado desde la organización, se podrán ver las obras premiadas y presentadas en la web chemsex.info/chemical-bloggers.
Personalmente, me encantó participar en el concurso y, cuando lo hice, no tenía ninguna intención de posicionar mi texto entre los tres mejores sino que tan sólo quería participar mostrando un poco las contradicciones que yo veo a momentos, así que estoy más que emocionado del premio.
Mi relato breve decía así:
Trazos de éxtasis: la danza prohibida del chemsex
En un rincón oscuro de la ciudad, donde las sombras danzan al compás de secretos prohibidos, me encuentro en un espacio clandestino que corroe las almas y las envuelve en una red de placer y autodestrucción; asisto a un baile macabro de química y deseo desenfrenado en un mundo al que accedí siendo nocturno y ahora también es vespertino y diurno.
Las luces parpadeantes iluminan nuestros cuerpos en éxtasis mientras sustancias prohibidas circulan de mano en mano, de boca en boca, buscando una conexión efímera que se convierta en una huida desesperada de mi mierda de realidad. Las paredes de esa casa atestiguan, silenciosas, encuentros efervescentes en los que la euforia, la pasión, la desesperanza y el abismo se entrelazan desenfrenadamente.
Y, de repente, esos cuerpos marcados por la soledad se convierten en un espejismo que ahonda en nuestras heridas emocionales y se transforman en el anestésico que calma nuestra angustia interior y en el veneno que corroe nuestras esperanzas de un futuro mejor.
En esta danza infernal de almas sedientas de amor y aceptación, de miradas perdidas, de gemidos ahogados y gritos silenciados que buscan desesperadamente ser escuchados, hay vidas que se pierden entre los pliegues de las sábanas.
La noche se vuelve eterna, como un recordatorio cruel de una realidad que acecha en la oscuridad. Y en las sombras de mi submundo, me rodeo de otros corazones desgarrados que también buscan sanar y anhelan un rayo de luz que disipe esta oscuridad. Y así, entre la euforia y la desesperanza, entre el deseo y la redención, la danza del chemsex continúa su vertiginoso compás.