La inclusión de la diversidad de identidades de género y orientaciones sexuales en proyectos de impacto social dirigidos a menores resulta una necesidad apremiante en instituciones, sector privado y ONG y lo es, no sólo porque desde la infancia necesitamos comprender y aceptar la diferencia y prevenir todo tipo de violencia, que por supuesto, sino también porque no ponernos esas gafas arcoíris, o no trabajando desde esa perspectiva, estaremos no atendiendo, e, incluso, podemos estar banalizando, el sufrimiento de las infancias LGTBI, en concreto, las infancias trans.
Y, es que, la infancia es una etapa crucial en el desarrollo de la identidad y la comprensión del mundo que nos rodea y en esa etapa vital nos encontramos en un constante proceso de aprendizaje en el que absorbemos información de nuestro entorno de una manera significativa. Por lo tanto, es fundamental que desde temprana edad se brinde a la infancia, a toda ella, una educación que refleje la diversidad y promueva el respeto hacia todas las personas, también hacia las minorías.
Se diseñan y ponen en marcha ingentes cantidades de programas, proyectos, planes y estrategias dirigidos a la infancia, muchos de ellos, sin la participación de la propia infancia y sin tener en cuenta intersecciones fundamentales a las cuales las personas menores se enfrentan a diario también, como es su realidad LGTBI, su familia LGTBI o su asociación al acrónimo LGTBI.
Y, es que, la infancia se enfrenta a desafíos que pueden incluir la victimización, el acoso y la exclusión social y, si bien es responsabilidad de toda la sociedad trabaja unida para crear entornos seguros para la infancia, es responsabilidad especial de las organizaciones, instituciones y ONG que ponen en marcha proyectos dirigidos a la infancia, contar con aquellas personas menores LGTBI y aquellas pertenecientes a familias LGTBI.
En mi opinión, todos aquellos proyectos sociales que no se elaboran con perspectiva LGTBI, en tanto en cuanto no se diseñan con perspectiva de derechos humanos, dejan de ser herramientas sociales válidas. Y, no lo son, porque:
- Sin visibilidad ni representación, no se pueden proporcionar oportunidades.
- Sin educación y sensibilización, no se reduce la discriminación ni tampoco se previene
- Sin apoyo, no podemos llegar a abordar el aislamiento interior y al sufrimiento de muchas infancias, especialmente, las trans, abrumadoramente invisibilizadas.
- Sin prevención de la violencia contribuimos al bullying y a la violencia dirigida hacia las infancias y familias LGTBI
Como defensor sin tapujos ni peros de los derechos humanos, en general, y particularmente de los derechos LGTBI, considero fundamental la promoción activa de proyectos que huyan del machismo, del sexismo, del cisexismo, de la heteronorma y del monosexismo y considero, además, que no trabajar con muchas gafas puestas nos llevará a diseñar programas sesgados y que, per se, discriminan a conciencia.
Si trabajamos proyectos sociales dirigidos a niñas, niños y niñes no podemos subestimar una realidad presente en nuestra sociedad: las infancias trans y las familias LGTBI existen y no van a desaparecer.