En mi reflexión de hoy me gustaría trasladar mi preocupación por la disonancia existente entre los requisitos excesivos en las ofertas laborales del ámbito social y la baja retribución ofrecida, especialmente para el personal técnico responsable de proyectos.
Veo cada vez más, en la gran mayoría de casos, que las ofertas de trabajo en este campo requieren una amplia gama de habilidades y experiencia, pero ofrecen una compensación financiera que no está a la altura de las responsabilidades y conocimientos demandados.
Esta disparidad me plantea un dilema porque, por un lado, el trabajo en el ámbito social implica abordar desafíos sociales complejos y tener un impacto significativo en la comunidad y el personal técnico de proyectos desempeña un papel crucial en la planificación, implementación y evaluación de programas y proyectos que buscan mejorar la calidad de vida de las personas y abordar problemas sociales apremiantes y, por otro lado, se espera que estos perfiles cumplan con una larga lista de requisitos, que incluyen habilidades técnicas, conocimientos especializados, experiencia laboral previa y competencias interpersonales, además de una demostración veraz de su capacidad de gestión, liderazgo, resolución de problemas y trabajo en equipo.
Estas exigencias reflejan la complejidad y la importancia del trabajo en el ámbito social, pero también generan barreras para el acceso a oportunidades laborales y limitan la diversidad de perfiles profesionales.
La baja retribución económica añade otro aspecto preocupante porque la remuneración inadecuada desincentiva a profesionales con capacitación y compromiso a ingresar o mantenerse en el campo social.
Y, es que, las condiciones laborales precarias y la falta de reconocimiento económico pueden afectar negativamente la motivación, el compromiso y la calidad del trabajo realizado.
Creo esencial reconocer que el trabajo en el ámbito social tiene un valor intrínseco y un impacto social significativo y el personal técnico de proyectos dedican su tiempo y energía a abordar desigualdades, promover el cambio social y mejorar la calidad de vida de las personas, por lo que es necesario valorar su experiencia, conocimientos y contribuciones de manera adecuada, ofreciendo una remuneración justa y acorde con la responsabilidad y la complejidad del trabajo realizado.
Es importante, por todo esto, que las organizaciones del ámbito social y las organizaciones empleadoras, en general, reconsideren sus prácticas de contratación y compensación, lo que implica revisar los requisitos excesivos y garantizar que sean realistas y proporcionales a las responsabilidades del puesto. Asimismo, considero fundamental mejorar la retribución económica para atraer y retener a profesionales con talento, fomentando así la sostenibilidad y la calidad del trabajo en el ámbito social.
Estoy convencido de que todas las personas que lean mi reflexión de hoy podrían adjuntar múltiples enlaces a ofertas de trabajo en las que se infravaloran económicamente puestos de trabajo con unos requisitos amplísimos para los mismos.
Concluyo hoy esta primera parte de mi reflexión semanal haciendo un llamamiento a la promoción del diálogo y la colaboración entre los diferentes actores del sector social, incluyendo a las personas profesionales, las organizaciones, los decisores políticos y los financiadores porque sólo hablando de manera nítida podemos trabajar hacia un cambio que valore adecuadamente el trabajo en el ámbito social y garantice condiciones laborales dignas y justas para el personal técnico de proyectos y otras y otros profesionales que dedican su carrera a la transformación social.