En la sociedad actual, es imperativo que nos detengamos a reflexionar sobre los avances logrados en la lucha por los derechos de la comunidad LGTBI porque a lo largo de la historia, las personas de la disidencia sexo-genérica nos hemos enfrentado a una lucha constante para obtener la igualdad y el respeto a nuestra dignidad, y aunque hemos dado importantes pasos hacia adelante, aún hay mucho por hacer, más si cabe en este clima de aumento de las políticas de crueldad, como reflexionaba la semana pasada.
Y, es que, si bien hace una semana, bajo el título “El gran error del lema de la manifestación estatal del orgullo LGTBI a tres semanas de unas elecciones generales” yo comentaba la tremenda equivocación que habían cometido las organizaciones FELGTBI+ y COGAM, responsables de la convocatoria de la manifestación estatal del Orgullo LGTBI bajo el lema “Abrazando la diversidad familiar: iguales en derechos”, ayer, lunes 19, amanecimos con la noticia de que ambas organizaciones anunciaban que la pancarta de cabecera rezará el nuevo lema “Por nuestros derechos, por nuestras vidas: con Orgullo”, con otro sub-lema en el cartel anunciador en el que se puede leer “¡En la calle por nuestros derechos y nuestras familias!”.
Aunque la excusa del cambio de parecer haya sido el cartel ignominioso que el partido de ultraderecha Vox ha colocado en el centro de Madrid y en el que se observa una mano tirando distintos papeles a la basura, entre ellos, banderas identificativas de determinados colectivos con los que no simpatiza, como es la bandera LGTBI, bajo la rúbrica «Decide lo que importa: libertad, seguridad, fronteras, familia, campo e industria», me parece más que adecuada la rectificación que han hecho las organizaciones convocantes del Orgullo LGTBI.
Pero, ojo, un cartel no debe ser la excusa, pues Vox tiene responsabilidades de gobierno en 140 ayuntamientos de los casi 1.000 en los que logró representación en las elecciones del pasado 28 de mayo, entre ellos cinco capitales de provincia: Valladolid, Burgos, Guadalajara, Toledo y Ciudad Real, que gobernará con el PP, y abordar la discriminación y las violencias reales y prevenir las previsibles a tres semanas de unas elecciones generales se presentaba como crucial para los derechos de las personas LGTBI mucho antes de la aparición del cartelón ignominioso.
La visibilidad ha sido y es el elemento fundamental para el avance del movimiento LGTBI porque durante décadas, la comunidad ha trabajado arduamente para ser reconocida y respetada en todos los aspectos de la vida.
Desde el propio orgullo, que celebra la diversidad, la libertad de ser y el amor propio, hasta la representación en los medios de comunicación, la visibilidad ha desempeñado un papel crucial en la lucha por la aceptación de realidades. Porque lo que no se ve, no existe y “aquello que no se nombra, no existe”, como dijo George Steiner. Pese a esto, todavía hay espacios en los que se necesita una mayor visibilidad y representación para erradicar los estigmas, prejuicios y sesgos arraigados.
En paralelo, la visibilidad ha ido siempre ligada con la educación. Porque siendo visibles existimos para el mundo y porque siendo visibles podemos educar y desempeñar un papel esencial en la construcción de una sociedad inclusiva y respetuosa. Siendo visibles promovemos la empatía, ponemos colores y añadimos matices a la realidad, convirtiéndola en diversa, y fomentamos el respeto por la diferencia, porque en ese momento, ni existe ni se presupone la homogeneidad.
Ahora bien, la visibilidad de las personas LGTBI, especialmente la de aquellas que se ajustan a normas de género – entre las que me encuentro – puede ser hasta un privilegio, pues experimentamos menos discriminación y violencia que el resto de personas LGTBI disidentes y nos permite sentirnos validadas y apoyadas por la sociedad. En este sentido, no olvidemos nunca que ser visible también nos puede conducir a la opresión y a la discriminación, especialmente para aquellas personas que se encuentran en entornos hostiles.
Finalizo mi reflexión de esta semana afirmando que la visibilidad de las personas LGTBI, la educación en diversidad y la erradicación de violencias son pilares fundamentales para lograr una sociedad más justa y una democracia más amplia. Y, es que, sólo a través del reconocimiento de los errores y el compromiso con el cambio podremos construir un presente y un futuro en el que todas las personas podamos vivir libre y plenamente, sin temor a ser juzgadas, agredidas, discriminadas o violentadas por ser quienes somos, amemos a quien amemos o formemos la familia que hayamos decidido formar.