La primera de las sesiones de Tosca, la ópera de Puccini, en la capital andaluza está en boca de todos los medios de comunicación desde hace unos días porque parte del público protestó y abucheó contra un beso entre dos hombres. Este hecho sorprende a muchas personas, y a otras que sufrimos la LGTBIfobia a diario no tanto porque lo vivimos en nuestra piel de manera cotidiana.
Y, es que, aunque estamos acostumbrándonos a que actitudes extremistas y de confrontación salpiquen a la sociedad, como la pasada agresión tránsfoba en el metro de Barcelona que se hizo viral en redes sociales, no deja de ser inaudito que los abucheos tuvieran lugar durante una ópera en el más selecto escenario del sur de España. También cabría reflexionar quiénes, o qué perfiles, pueden acudir al “más selecto escenario” de Sevilla o por qué sucede esto a estas alturas de la historia, en un contexto pre-electoral y en ese concreto espacio.
Como señala Gonzalo Wancha en El Plural Andalucía “Al principio del segundo acto dos hombres se besan. Al final de ese mismo acto, un hombre intenta violar a una mujer. Ambas cosas ocurrieron sobre las tablas del teatro de la Maestranza de Sevilla. ¿A qué crees que reaccionó agriamente parte del público? (…) En efecto, el beso homosexual incomodó más que la violación en el estreno de Tosca, la noche del jueves en Sevilla. Los abucheos continuaron también al final de la obra, sobre todo cuando el director escénico, Rafael R Villalobos, salió a saludar”
A diferencia de lo que sucede en los campos de fútbol cuando juegan equipos de hombres y se escuchan, permiten y toleran actitudes LGTBIfóbicas, o los tan recientes ataques homófobos a dos jugadores del Betis por llevar bolsos en una boda, las reacciones no se han hecho esperar y gran parte del mundo de la cultura ha reaccionado contra este tipo de actitudes y violencia.
Si bien es cierto que los abucheos fueron acallados por el aplauso y muestra de apoyo mayoritario del resto del público, hubo, se vio y se han viralizado los dos conatos de protesta.
En 2023, en pleno siglo XXI, las personas detractoras de la homosexualidad, bisexualidad, intersexualidad, transexualidad y transgenerismo son minoría, aunque se están haciendo cada día más visibles. Y no está mal que así sea, porque el debate de la LGTBIfobia creciente en todos los ámbitos de nuestra sociedad ha entrado como elefante en cacharrería, también en la política de primer nivel, con motivo de la convocatoria de las elecciones generales y el anuncio de la intención de derogación de la ley 4/2023 por parte del principal partido de la oposición si llega al gobierno.
A este respecto, en mi reflexión anterior ya comenté que las políticas, normativas, discursos y acciones que promueven o permiten la discriminación, el maltrato o la violencia hacia ciertos grupos de personas – entre las que se encuentran, de modo particular, las mujeres, las migrantes y las LGTBI – son, para mí, «políticas de crueldad».
La cultura es también industria y empresa
Hablar de cultura implica necesariamente abordar la relación entre la cultura y la industria y empresa. La cultura no sólo se refiere a las expresiones artísticas, las tradiciones o las formas de vida de una sociedad, sino que también tiene un componente económico y empresarial.
La cultura se ha convertido en una poderosa industria en muchos países, entre ellos, España, generando empleo, ingresos y contribuyendo al desarrollo económico de los países. Hablar de cultura es hablar de una industria que abarca sectores como el cine, la música, el teatro, la literatura, la moda y los videojuegos, entre otros. Unos sectores que no sólo tienen un valor artístico y creativo, sino que también representan oportunidades de negocio y de generación de riqueza.
Las empresas, emprendedoras y emprendedores en el ámbito cultural desempeñan un papel fundamental en la promoción, producción y distribución de productos culturales y son responsables de la gestión de artistas, la producción de eventos, la comercialización de productos culturales y la creación de experiencias para el público.
En este sentido, la cultura también influye en la forma en la que el resto de las empresas operan y se relacionan con sus empleadas, empleados, proveedores y clientes. Además, de manera general, las empresas se benefician de la cultura al incorporarla en su estrategia de marca y marketing, utilizándola como una herramienta para conectarse con el público objetivo, generar identificación y diferenciarse de la competencia, patrocinando eventos, colaborando con artistas o incorporando elementos culturales en campañas publicitarias, por poner ejemplos muy sencillos.
Permitir actos LGTBIfóbicos en cualquier empresa es decir al resto del sector privado que los actos LGTBIfóbicos en el seno de la compañía son tolerables. Llamar a la crueldad desde un atril en una institución es fomentar el odio y la discriminación en la calle. Invisibilizar mediáticamente que estos hechos están sucediendo es tolerar el avance de la discriminación y la injustia y, frente a esto, no me cabe hoy más que llamar a la sociedad en su conjunto, y especialmente al tejido empresarial, a seguir apostando y trabajando por la diversidad e inclusión de las políticas LGTBI en la empresa que tan bien están haciendo desde hace ya varios años.