Forma, color, textura, olor, sonido y funcionalidad del movimiento LGTBI 

El pasado sábado 15 de abril, la Asociación SOMOS LGTB+ de Aragón, entidad de la que soy co-fundador, en la que ostenté muchas responsabilidades y de la que ya no soy socio ni tengo ninguna relación, porque es así como las organizaciones políticas crecen, no estando pegadas a personalismos, cumplía 13 años de vida. Ese hito me ha hecho reflexionar sobre cómo ha cambiado mi concepto de “activismo” sin que el término “movimiento LGTBI” lo haya modificado un ápice en mi cabeza.

En mi reflexión de hoy, quiero resaltar que el activismo LGTBI hizo gala no hace tantos años, de manera consciente o inconsciente, que su lucha, su trabajo y su responsabilidad tenían forma, color, textura, olor, sonido, funcionalidad… y, en mi opinión, algunos de esos aspectos se han ido perdiendo por el camino.

A mi modo de ver las cosas, el movimiento LGTBI moderno en España se ha convertido casi en “una disciplina” o, mejor dicho, en “una doctrina independiente” dentro del tercer sector que me recuerda mucho al diseño gráfico, a excepción de que éste no está basado en un conjunto de ideas, enseñanzas o principios básicos fundamentados en criterios políticos, como sí lo está el movimiento LGTBI moderno en España.

Como comentaba en mis dos entradas anteriores en las que analizaba la estrategia, la táctica y los proyectos sociales, en esta ocasión quiero detenerme en otros elementos que se utilizan en la política de lobby del movimiento LGTBI sobre los cuales no nos paramos demasiado a reflexionar, como son las líneas, las formas, los textos, los colores, el espacio, las imágenes, la tipografía o la composición del movimiento LGTBI, entre otras cuestiones.

Sabemos que las líneas pueden ser rectas, curvas, gruesas o finas y se utilizan para crear formas y contornos en el diseño. Si las rectas y gruesas pueden representar la fuerza y la determinación y las curvas y finas pueden representar la delicadeza y la sensibilidad, el movimiento LGTBI moderno usa también las líneas para representar la diversidad y la complejidad de las identidades sexodivergentes del ser humano, rompiendo la dicotomía normativa existente que, como sabemos, es cisexista y heterosexista. 

Si las formas son figuras geométricas, como círculos, triángulos y cuadrados, que se utilizan para crear diseños y composiciones, el movimiento LGTBI moderno las ha sabido utilizar muy inteligentemente a través de la resignificación del triángulo rosa invertido, hasta el uso de formas geométricas básicas como es la bandera del arcoíris. Además, las formas geométricas han estado siempre muy presentes en la propia reivindicación política del colectivo, tanto en la explicación, definición y creación de espacios seguros, como en la manera en la que el colectivo reivindica, con determinación, con simpatía, alegría y con mucho orgullo.

El movimiento LGTBI moderno y no moderno ha utilizado los textos como una herramienta poderosísima para transmitir información y mensajes clave sobre la lucha por la igualdad de derechos y la inclusión de las personas LGTBI en la sociedad. En este sentido, contamos con una amplísima y muy rica literatura LGTBI. Pero no sólo literatura. Pues los textos los hemos visto y leído a través de cartelería, pancartas, camisetas, panfletos y demás objetos reivindicativos cuyos eslóganes han sido durante décadas disruptivos y muy informativos. Como sucede con el diseño gráfico, el texto es una parte importante también en la materia para poder transmitir información y mensajes.

¿Y qué decir de los colores? Los colores han sido una parte fundamental del movimiento LGTBI moderno en España, ya que se han utilido para representar la diversidad y complejidad de la comunidad LGTBI. Si en el diseño gráfico, los colores se utilizan para crear contrastes, atraer la atención y transmitir emociones y mensajes, en el movimiento LGTBI ha sucedido un poco lo mismo. La bandera del arcoíris utiliza diferentes colores para representar la diversidad sexual, familiar y de género. Pero existen muchas otras banderas (bisexual, trans, bear, intersex y otras) que han ido naciendo también esta línea; colores, en definitiva, que se han ido sumando al rosa del triángulo invertido. Y, es que, crear contrastes, atraer la atención y transmitir emociones y mensajes clave han sido objetivo estratégicos también del movimiento LGTBI.

En este sentido, se me viene a la cabeza que igual que en el diseño gráfico el espacio negativo se utiliza como una herramienta poderosa también lo ha sido utilizado por el movimiento LGTBI moderno en España para crear y diseñar redes de protección y establecer espacios seguros LGTBI.

Si nos fijamos en la composición y en la profundidad también nos daremos cuenta de que el movimiento LGTBI ha sabido colocar muy bien (casi todos) los elementos de la vida de las personas, de una manera equilibrada y atractiva para quienes ven su obra, en concreto, haciendo un buen uso de la profundidad, es decir, de la diversidad de las experiencias, de la memoria y de las realidades LGTBI.

Mi conclusión en esta reflexión de hoy es que hacer paralelismos entre el diseño gráfico y el movimiento LGTBI puede ser curioso e incluso entretenido, pero no podemos olvidarnos de que el diseño gráfico es una disciplina artística más y que para entenderlo y apreciarlo debemos saber también de pintura, escultura, cerámica, fotografía, dibujo, cine, animación, teatro, danza, ópera, circo, literatura, música, danza, moda, gastronomía y otras tantas. Y esto mismo debería suceder con el movimiento LGTBI. Para entenderlo y respetarlo debemos saber de justicia y de interseccionalidades sin olvidar en ningún momento todas aquellas emociones que provocamos con nuestras actuaciones a través, de nuevo, de la forma, el color, la textura, el olor, el sonido, la funcionalidad y otras tantas que generamos a nuestro paso.