Estrategia y táctica del movimiento LGTBI en España I. De lo urgente a lo importante. 

Si la estrategia es un plan a largo plazo, las tácticas son las acciones a corto plazo que ayudan a alcanzar metas más pequeñas, de ahí que la planificación táctica consista en dividir un plan estratégico en acciones a corto plazo. Esto, el activismo LGTBI+, lo tiene muy claro porque ha trabajado muchas veces desde lo urgente (a través de tácticas que resolvieran las urgencias) teniendo muy presente siempre el foco de lo importante (con una estrategia política estudiada).

Mi próxima reflexión también va a girar sobre esta cuestión porque, si bien hoy me quiero centrar en las políticas estratégicas, no quiero dejar pasar la oportunidad de reflexionar pronto sobre las políticas tácticas del movimiento LGTBI.

Y, es que no es nada curioso que, en el ámbito político del tercer sector, el comportamiento táctico y la acción a corto plazo siguen prevaleciendo frente a la conceptualización a largo plazo en la ejecución de políticas y en la realización de campañas. Desde de mi punto de vista, el tercer sector, en general, debe aprovechar la ingente cantidad de instrumentos estratégicos existentes para configurar con mayor eficacia los procesos políticos, especialmente, a través de tres elementos clave como son la formación, el asesoramiento y el diálogo políticos. 

La transmisión de técnicas debería ocupar un papel preponderante en el trabajo práctico que realiza el tercer sector más precarizado, laboralmente hablando, así como para el voluntariado de éste, su personal laboral y los equipos dirigentes del entramado social. Creo que estos tres grupos deberían apostar por ello y poner el foco en el manejo de nuevas estrategias, aprovecharlas y, sobre todo, comprender, juzgar y evaluar los elementos estratégicos del proceso político. 

El tercer sector tiene un papel silencioso (o así lo he vivido siempre yo) en el marco político actual porque en cuestiones de asesoramiento concreta sus reclamos ante los diferentes poderes ejecutivos y legislativos, con los partidos políticos y sindicatos y con otras organizaciones, no transmitiendo únicamente conocimientos estratégicos sino más bien trasladando conceptos planificados estratégicamente, incluyendo cuestiones tácticas y operativas y haciendo de las políticas públicas instrumentos más exitosos.

La estrategia del movimiento LGTBI

La estrategia no escrita del movimiento activista LGTBI en España es el plan que se ha seguido para alcanzar uno o más objetivos, por ejemplo, la aprobación de la Ley para la igualdad real y efectiva de las personas trans y para la garantía de los derechos de las personas LGTBI. La táctica, en cambio, han sido las acciones que se han llevado a cabo para alcanzar los objetivos comprendidos dentro de la propia estrategia, como han sido la aprobación de las diferentes leyes autonómicas, diversas orientaciones educativas e instrucciones sanitarias, normas municipales de prevención de incidentes de odio, luchas individuales en tribunales de justicia ante situaciones de desigualdad, etc.

En paralelo, nos hemos encontrado con la necesidad de que los partidos políticos (que cuentan con muchas debilidades y defectos) terminan desacreditando la política como instrumento de acción social porque se modernizan y democratizan de una manera absolutamente lenta y alejada de las necesidades del tejido asociativo. En este sentido, creo fervientemente que existen metodologías creativas y eclécticas que pueden transformarles políticamente de una manera positiva, desde la formación de nuevos cuadros hasta el favorecimiento del intercambio de experiencias y la circulación de nuevas ideas que les saquen del inmovilismo y la actitud defensiva de la antipolítica. 

El moderno activismo LGTBI organizado en España ha experimentado una evolución significativa en las últimas décadas, logrando importantísimas victorias sociales: desde la lucha por la despenalización de la homosexualidad hasta la aprobación de la ley trans y LGTBI y la muestra es que “la consecución del matrimonio igualitario” ya no es el gran hito en las políticas públicas LGTBI de nuestro país. Lo fue, pero ya no lo es.

Históricamente, la lucha por la igualdad real y efectiva de las personas LGTBI se ha desarrollado mediante una estrategia y táctica basada en la distinción entre lo urgente y lo importante, como decía más arriba.

Ahondando un poco más en la materia, lo urgente se refiere a aquellas cuestiones que necesitaban ser abordadas de inmediato para garantizar la seguridad y protección de las personas LGTBI, en especial, la lucha contra la violencia y la discriminación por motivos de orientación sexual o identidad de género, en concreto, en los centros educativos, la garantía de los derechos de las personas trans y la protección de los derechos sexuales y reproductivos. Lo importante se refiere a aquellos aspectos más estructurales que siguen siendo necesarios para lograr una igualdad real y efectiva, es decir, la educación en valores de diversidad e inclusión, la visibilización y normalización de la diversidad sexo-genérica y familiar en la sociedad, la eliminación de barreras legales y sociales que impiden el pleno ejercicio de los derechos de las personas LGTBI, la lucha contra el estigma asociado a las personas LGTBI con VIH, etc. 

En resumen, la estrategia y táctica del activismo español LGTBI moderno ha funcionado porque ha sabido combinar las acciones urgentes y necesarias a través del desarrollo de una serie de herramientas y estrategias que han incluido la movilización social, el diálogo político y la cooperación con otras organizaciones y colectivos aliados y creo que esta forma de proceder es algo de lo que las personas LGTBI que hemos liderado entidades LGTBI podemos enorgullecernos y de la que podemos formar a otras entidades.