El sistema de Formación Profesional para el Empleo tiene por finalidad impulsar y realizar una formación que contribuya al desarrollo personal y profesional de las personas trabajadoras (ocupadas y desempleadas), mejorando su empleabilidad y su promoción en el trabajo. Esta formación responde a las necesidades del mercado laboral y está orientada a la mejora de la competitividad empresarial.
Los fines de este sistema de formación profesional son favorecer la formación a lo largo de la vida de las personas trabajadoras ocupadas y desempleadas para mejorar sus competencias profesionales y sus itinerarios de empleo y formación, así como su desarrollo profesional y personal, pero también contribuir a la mejora de la productividad y competitividad de las empresas, así como atender a los requerimientos del mercado de trabajo y a las necesidades de las empresas, proporcionando a las trabajadoras y los trabajadores las competencias, los conocimientos y las prácticas adecuados, mejorar la empleabilidad y otras cuestiones relaciones.
Y ante todo esto, ¿dónde queda la perspectiva de género y de diversidad en este sistema formativo?
En el ámbito laboral existen numerosas desigualdades en cuanto a salario, o al acceso a puestos directivos entre mujeres y hombres, y hay constatadas investigaciones que hablan de que el mercado de trabajo es hostil, de manera general, con las mujeres y con las personas LGTBI, especialmente, con las trans. Para combatir este problema es necesario que se elaboren políticas públicas eficaces para alcanzar una igualdad social y, creo que, la formación profesional para el empleo debería contar con esta forma de ver y analizar la realidad, como son las perspectivas de género y diversidad, para que la igualdad llegue al sector privado, de – quizás – menor cualificación o formación porque en formaciones de grados superiores y universitarios poco a poco se van introduciendo estas herramientas .
La Formación Profesional para el Empleo aparece, desde mi punto de vista, como una gran oportunidad para que desde los centros donde se imparte se fomente y desarrolle una batería de medidas y actuaciones en vías del logro de una igualdad de oportunidades real y generalizable a todos los cursos formativos y diferentes acreditaciones.
La tarea formativa, aunque tenga el claro propósito de mejorar la empleabilidad, es una actividad con mucha trascendencia e impacto social y creo que, si ofreciéramos una formación integral, libre y responsable, apta como preparación real para la vida laboral y que pueda dar respuesta a las necesidades de una sociedad en continuo desarrollo los pasos hacia una sociedad más igualitaria serían muchos menos.
No olvidemos que un 42% de las personas LGTBI han sufrido algún tipo de violencia verbal en el trabajo, que el 75% de las personas consultadas reconocen haber presenciado algún tipo de agresión verbal hacia las personas LGTB en el trabajo, que el 86% de las personas encuestadas creen que es necesario ocultar la orientación sexual en una entrevista de trabajo o que el 55% de las personas LGTBI que reconocen haber sufrido una agresión aseguran que nadie se ha posicionado a su favor, entre otros datos alarmantes, según la investigación Hacia los centros de trabajo inclusivos. La discriminación de las personas LGTBI en el ámbito laboral en España (UGT 2020).
Y, es que, en paralelo, se deben seguir facilitando medidas que impulsen la igualdad en el ámbito laboral, combatiendo la violencia machista desde los centros de trabajo, adoptando protocolos de acoso sexual y acoso por razón de sexo- género, incluyendo el acoso sexual y sexista cibernético; avanzar, mediante el diálogo social, en modificar los aspectos lesivos de las normas laborales e incrementar y mejorar las políticas activas de empleo, en especial, las dirigidas al incremento de la participación y permanencia de las mujeres en el mundo laboral.
Desde mi punto de vista, es necesario adoptar medidas y políticas públicas para el incremento del empleo de calidad y la eliminación de la precariedad laboral de las mujeres y la segregación ocupacional, así como adoptar medidas de acción positiva dirigidas a eliminar la discriminación y la desigualdad en el empleo y en la protección social, así como incrementar los niveles de protección social en relación con las tareas de cuidados y eliminar las discriminaciones y desigualdades de género que aún persisten en nuestro sistema de protección social. Y, en este campo, la Formación Profesional para el Empleo no puede quedar en un limbo.