Hombres [G]B y edad subjetiva: cuando se vive por y para Grindr.

Leía estos días el artículo de Enrique Alpañés del pasado 14 de marzo en SModa en el que dice que “llega un momento en el que la edad deja de ser un dato relevante y se produce una discrepancia entre lo que sentimos y lo que marca nuestro DNI” y no puedo dejar de pensar en cuántos hombres cis gais, bisexuales y otros hombres que tienen relaciones sexuales con otros hombres (GBHSH) se relacionan de una forma intergeneracional con sus iguales y cómo el contexto sociocultural del hombre cis, gay, blanco, con un nivel adquisitivo medio – alto, europeo y residente fundamentalmente en grandes ciudades provoca que sean víctimas del fenómeno de la edad subjetiva.

Como dice Alpañés en su artículo, según un estudio de 2006, publicado en el Psychonomic Bulletin & Review, las personas mayores de 40 años se perciben a sí mismas, de media, un 20% más jóvenes de lo que marca su DNI. Esta diferencia empieza a gestarse a los 25 años, ya terminado el recorrido académico, cuando se pierde la referencia directa y constante de las compañeras y los compañeros de clase. Al llegar a los 30, alrededor del 70% de la población se siente más joven de lo que realmente es. Y la discrepancia aumenta con el tiempo. No es algo matemático ni le sucede a todo el mundo, pero llega un momento en la vida en el que las personas empezamos a disociar el número que arde en la tarta de cumpleaños, y, es que, en un estudio de la Asociación Americana de Psicólogos de 1989 se aseguraba que “es una forma de negación defensiva que permite alejarse del estigma asociado al envejecimiento”.

Estaremos de acuerdo en que ser una persona activaatractiva o válida lo relacionamos con ser joven, especialmente en el caso de las mujeres. En contraposición, construimos un estereotipo de vejez asociado a lo improductivo, la enfermedad, la dependencia o la muerte de la vida sexual. Un estereotipo que ni es real, ni en el que nadie quiere verse reflejado.

Autopercibirse o presentarse ante la sociedad usando los códigos propios de generaciones más jóvenes no debería ser objeto de señalamiento, pero sí creo interesante analizar el contexto social que empuja a socializar así a las personas que se presentan de tal forma y también a la sociedad que lo critica.

No se puede modificar la edad cronológica, pero los estilos de vidacomportamientos y las condiciones individuales pueden influir en la biológica y en la subjetiva ya que autopercibirse con una edad subjetiva menor a la real puede tener efectos positivos: tener mejores condiciones de salud, ser más feliz con tu vida e incluso a morir a una edad más avanzada. Ahora bien, ¿estos puntos son causa o consecuencia? Sea como fuere, parece claro que es difícil encontrar tu lugar al entrar en la edad adulta

¿Y qué pasa cuándo vivo por y para agradar a mis iguales?

Todas las personas somos, en nuestra cabeza, las que mejor nos conservamos del grupo de amistades de cuando íbamos a primaria, podemos pensar cada cual de sí. Pero qué irreal es esta apreciación. Por muy jóvenes que podamos percibirnos, nos vemos igual de mayores que el resto. Y esto es muy importante cuando asociamos la juventud al éxito y el éxito al reclamo sexual o al sexo. En 2018, cuando bajo mi dirección técnica, la Asociación SOMOS LGTB+ de Aragón publicó el Catálogo MEN2018 ya dije que si bien las apps de contacto por geolocalización (Grindr, Wapo, Scruff, MachoBB y otras) “han cambiado nuestras manera de relacionarnos, también es cierto que nosotros hemos contribuido a que nos conviertan en productos de catálogo y cosificarnos”. Y, es que, en el mundo de los GBHSH, estas apps nos muestran una (o muy pocas) imágenes y ésa acaba siendo la primera impresión que lanzamos de nosotros mismos. De manera general, son fotografías cuidadas que muestran lo que queremos enseñar para que nos escriban otros usuarios. 

Muchos hombres gais, bisexuales y otros HSH usuarios de estas apps se despiertan por la mañana y lo primero que hacen es abrir sus apps de contactos para ver qué hay de nuevo en ellas, creando posibles dependencias en su uso e incluso generando frustraciones y reforzando carencias porque , de manera general, reproducimos mitos, tabúes, prejuicios y estereotipos y con ellos muchas culpas, miedos y fobias, pero o estás en las apps o muchos GBHSH tienen la convicción de creer que no existen para el resto de sus iguales.

No podemos olvidar que el uso de tecnologías para facilitar los contactos entre personas con intereses afines se ha multiplicado y se ha sofisticado muchísimo durante los últimos años. Con toda esta evolución, hemos construido un espacio de socialización alternativo a los locales físicos porque nos ofrece un espacio neutral de comunicación y contacto. Actualmente, y coincidiendo con el acceso masivo a los smartphones, quedar con alguien desconocido que busca lo mismo que nosotros es una práctica  más fácil y asequible. Todo esto ha conllevado a que en la actualidad las apps sean uno de los espacios en los que más riqueza de códigos, símbolos, términos y conceptos podemos encontrar en la cultura GBHSH contemporánea. Por todo ello, consideramos que la comunicación simbólica y gráfica, que en muchos casos busca expresar de la manera más sencilla posible una idea, una cualidad, un deseo o un estado de ánimo es fundamental para entender la respuesta de los otros. 

Entender la “masculinidad” – e incluso, para muchos, la hombría – de una única manera hegemónica y condenar la pluma son signos inequívocos de homofobia y de sexismo. Como lo es el falocentrismo de nuestras preguntas y conversaciones, denotando una clara discriminación hacia aquellos hombres gais, bisexuales y otros HSH no cisexuales.