El valor de la solidaridad enseña – especialmente a la adolescencia y juventud – a trabajar en equipo, compartir, ceder, respetar y convivir con otras personas, evitando el individualismo y el egoísmo. Y, es que, la solidaridad se enseña a través de muchas formas y también puede hacerse en distintas situaciones de lo cotidiano.
La empatía, la generosidad y la solidaridad son valores en los que creo debemos invertir como sociedad y, especialmente, en el ámbito educativo, sea el espacio formal, no formal o informal.
La adolescencia y la juventud están expuestas a la influencia de la sociedad (amistades, compañeras y compañeros de estudios, referentes en medios de comunicación, cine, deporte, series de televisión, literatura, comunidad digital, etc.) y, como sucede con todas las franjas de edad, están expuestas a valores, comportamientos, actitudes y creencias que no es que no sean solidarias, sino que son intolerantes e irrespetuosas.
Pero, es que, cuando la edad es corta, cuesta comprender todas las aristas e implicaciones de la empatía, la solidaridad y la cooperación, por ello, la calidad del proceso del desarrollo de la creencia en la importancia de la solidaridad es una construcción que debe ir pareja en los tres espacios educativos, de una manera transversal y progresiva. En la adolescencia, especialmente, cuando comenzamos a tomar conciencia social, se comienza un nuevo proceso de aprendizaje que no debe pasarse por alto y en el que debemos, siempre a mi juicio, esforzarnos de manera especial.
El presentismo, como percepción a tan corto plazo que la infancia, adolescencia y juventud tiene de la vida, guarda relación – según mi forma de ver la vida – con dos procesos de efectos contrarios que se retroalimentan. Es decir, por un lado, las secuelas de desempleo, la precariedad e inestabilidad laboral, la falta de vivienda asequible y la imposibilidad de tener una vida libre y emancipada generan incertidumbre sobre el futuro personal. Por otra parte, se afianza la confianza en que, pase lo que pase, su familia – en términos generales y abstractos- va a poder satisfacer sus necesidades fundamentales, generando con ello una red de apoyo y seguridad válido para el presente que contrasta con la opacidad del futuro.
Presentismo y solidaridad
Creo que coincidiremos en que el presentismo es un síntoma de que para la adolescencia y la juventud están cerrados los horizontes vitales y mentales y, en consecuencia, está menos generalizado entre quienes tienen una mejor perspectiva de futuro. En esta misma línea, se reducirá el presentismo en tanto en cuanto se pueda compaginar, por poner un ejemplo visual concreto, el trabajo con el estudio.
Y es aquí donde quiero centrarme: se puede “salir” del presentismo según tengamos puestas las expectativas en este mundo, desde un acomodo ideológico – e incluso religioso – que sea flexible y adaptable a las circunstancias. Y me centro en este punto porque el presentismo en la adolescencia y la juventud está también ligado con los escasos niveles de formación (en este caso, de solidaridad) y, sobre todo, con haberse cerrado a muchas fuentes de información. Comento esto porque, en mi opinión, quienes tienen el hábito de leer, ir al teatro, hacer deporte o cumplir metas personales con objetivos alcanzables, suelen ser personas menos presentistas que quienes no lo hacen.
Además de estos vínculos que el presentismo muestra con los horizontes vitales y cognoscitivos de cada persona adolescente y joven, creo que existen lazos retrospectivos con la infancia y la adolescencia. Desde mi punto de vista, el fracaso escolar no sólo contribuye a la desmoralización de quienes están frustradas y frustrados, sino que también les afecta en su capacidad de apropiarse del futuro.
Con el paso de los años se suele favorecer el acomodo social y mental de la adolescencia y la juventud, pero el efecto del presentismo puede haber hecho mella en la educación para la solidaridad de la adolescencia y la juventud porque ésta puede llegar a entender que todo aquello por lo que pasaron en su vida es lo común, no teniendo, en este sentido, óptica solidaria. ¿Estoy diciendo con esto que sólo a través de la conciencia del privilegio se puede educar en solidaridad? No. Estoy diciendo que sólo a través de la conciencia de la desigualdad se puede tener óptica de solidaridad y, en muchas ocasiones, es necesario eliminar el presentismo porque va a ser una forma mucho más sencilla para permitirnos poder ver un horizonte y un mundo desde una óptica global.