En general tenemos claro que “un influencer” es una persona que cuenta con cierta credibilidad sobre un tema concreto, y por su presencia e influencia en las redes sociales puede llegar a convertirse en una prescriptora interesante para una marca o en una causa.
“Los influencers” no tienen que ser personas famosas, eso ya es cosa del pasado, cuando la televisión era el canal de comunicación masivo que ya no es, y una persona se convierte en influencer porque brinda frescura, es constante, sobre todo activa en sus redes sociales, y con esto logra una gran reputación y mantiene la confianza de sus seguidoras/es, dando credibilidad y valor a lo que dice y hace. A mi juicio, más que una persona famosa, es una persona que va adquiriendo reconocimiento por temas o un tema en específico y el trabajo que realiza sobre el mismo.
Regularmente las, los y les influencers inician su labor con sus propios recursos, compartiendo contenido referente a los temas que más dominan, como moda, deportes, viajes, temas concretos de política, cocina y cualquier otro y crean historias para conectar con sus followers, y es por eso por lo que confían en su información y opinión.
Pero, como sucede con esta profesión, ¿tenemos claro también qué es la profesión docente y quién es el personal docente?
¿Qué es la profesión docente? ¿Quiénes son las personas docentes?
El personal docente es el conjunto de personas que se dedican a enseñar o que realizan acciones referentes a la educación e imparten conocimientos. Frente a este concepto, muchas personas hablan de que la maestra o el maestro es la persona a la que se le reconoce una habilidad extraordinaria en la materia que instruye, diferenciando de esta manera la maestría y la docencia.
Así, una persona que es docente puede no ser un/a maestro/a y viceversa pero sea como fuere tanto maestras/os como docentes deben poseer habilidades pedagógicas para convertirse en agentes efectivos del proceso de aprendizaje.
Como hice más arriba describiendo grosso modo a las personas que son influencers, si hablamos del personal docente, hablamos de personas que transmiten pasión por la enseñanza, son creativas, responsables, están formadas, tienen capacidad de adaptación a su alumnado, son cooperativas, observadoras, facilitadoras, organizadas y muy pacientes, entre otras virtudes.
Y en este punto, yo pienso en el personal docente LGTBI y en su papel en el desarrollo de su alumnado LGTBI y cis-heterosexual porque el personal docente es referente en cuestiones formativas, entre otros aspectos, pero el personal docente LGTBI visible podría ser también un referente de la diversidad LGTBI e impulsar espacios libres y entornos seguros para que el estudiantado pueda verse, no sólo reflejado, sino también para que tenga donde acudir ante complejas situaciones.
Y, es que, la discriminación que sufre el profesorado LGTBI en los entornos educativos formales es real y también es muy dura en muchas ocasiones: familias que creen que se adoctrina al alumnado, compañeras y compañeros LGTBIfóbicos que miran con cierto rechazo al personal docente LGTBI visible, alumnado hostil, etc. La FELGTBI+ llegó a denunciar en este sentido que el 63,8% de los profesores no denuncia las agresiones que sufren por motivos de identidad de género u orientación sexual, y de los que lo hacen, un 68% considera que no se hace nada al respecto. El análisis revela que “poquísimos” o “una minoría absoluta” de personal LGTBI+ de los centros educativos manifiesta su orientación sexual o identidad de género. La situación es peor para el profesorado interino o que no tiene una plaza fija.
¿Y no es el personal docente el mayor y mejor influencer para el alumnado? Y, si no lo es, ¿por qué no lo es cuando existe un amplio tejido de profesorado en la comunidad educativa que puede hacer del centro educativo un espacio seguro? ¿qué comprarías antes, un champú que has visto anunciado en la parada del bus o un champú que te ha recomendado tu peluquero de toda la vida? La credibilidad de la segunda opción es mucho mayor que la primera y esto es una de las claves para conectar con una audiencia, tener legitimidad para hablar de un producto, de un servicio o de una realidad compartida.