Como sucede con el feminismo en España, la élite neoliberal es consciente de su capacidad transformadora y se ha apropiado, en una estrategia inteligente y muy efectiva, del discurso feminista para que se entienda que casi cualquier cosa que haga una mujer es una acción feminista, cuando no lo es. En el feminismo, como en cualquier ideología, no caben una idea y su contraria. Esto sólo responde al intento de despolitización del movimiento por parte de sus contarios con la sola intención de invalidarlo.
Como dice Dolors Reguant en su artículo Que la confusión no llegue al feminismo “feminismo liberal y de derechas es un oxímoron… nunca se ha hablado de comunismo de derechas” y añade que es “una entelequia para confundirse de enemigo”. Es la estrategia de los partidos de derechas, apropiarse de principios que les son contrarios, para tergiversarlos, que es una forma de destruirlos, y así confundir a la población.
Y, en mi opinión, como sucede con el movimiento feminista, aunque en muchísima menor medida, yo creo que estos gestos ya se están dando con el movimiento LGTBI.
A mi juicio, la cis-hetero-normatividad, como producto del patriarcado, no se rinde jamás y muta sus formas de opresión y de violencia, incluso trata de infiltrarse en nuestro movimiento a través de la cultura afirmando que todas las personas somos iguales, incluidas las LGTBI, y, por consiguiente, tenemos que ser y actuar de la misma manera, cuando es todo lo contrario, las personas somos diferentes y la igualdad radica en el respecto a nuestras diferencias. La adaptación al sistema (casarnos, formar familias normativas, tener trabajos socialmente bien vistos, consumir cultura LGTBI políticamente correcta para el cis-hetero-patriarcado, las diversas formas de socializarnos desde los márgenes, etc) es una forma de invalidar, a mi juicio, la cultura LGTBI. El matrimonio, la familia tradicional o la cultura LGTBI políticamente aceptada por la cis-heteronormatividad son opciones, no la opción.
Y, es que, el liberalismo se basa principalmente en postulados como la libertad individual, la igualdad ante la ley y la reducción del poder del Estado en la sociedad.
Movimiento LGTBI no es activismo LGTBI
El movimiento LGTBI se ha nutrido de activistas LGTBI que lo han impulsado y le han hecho moverse y actuar, pero con el paso del tiempo el movimiento LGTBI ha conseguido rodar solo, sin el empuje de activistas. Por esto mismo, se han introducido dentro del movimiento una serie de postulados que a mí me preocupan especialmente como son algunos principios del liberalismo.
El individualismo político y la libertad personal son pilares de liberalismo y las políticas identitarias no basadas en la concepción política de la sexualidad han entrado a formar parte del discurso político del movimiento LGTBI bajo el paraguas del “sujeto LGTBI”, equiparando las discriminaciones y violencias que sufre una mujer trans asexual a la que pueda sufrir una mujer cis asexual, por poner un ejemplo gráfico. Y, es que, no podemos olvidar que la homosexualidad y las realidades trans, en sus múltiples aristas, son los dos pilares que han roto la cis-heteronormatividad porque son las realidades políticas que han cuestionado el sistema sexo-género dicotómico.
Por supuesto que el resto de las realidades de la diversidad sexo-genérica disidente sufren violencia y es muchas veces virulenta, pero no podemos olvidar que quienes nos discriminan no nos preguntan antes si somos bisexuales o lesbianas para ver si ejercen bifobia o lesbofobia sobre nosotras, si somos personas no binarias con una expresión de género “femenina”, para ejercer transfobia, o si somos personas cis andróginas, para discriminarnos bajo el paraguas de “travelo, maricón o bollera”. Nos discriminan porque rompemos la cis-heteronormatividad desde su plano más político.
Y he aquí uno de los puntos de inflexión en el discurso activista LGTBI y del movimiento LGTBI, en mi opinión: saber cómo enfocamos políticamente nuestra sexualidad y cómo nos defendemos políticamente de la violencia.