Aún recuerdo cuando en 2019 presenté en Wisteria Lane, el programa de Radio 5 presentado por Paco Tomás, la valoración que hacíamos desde FELGTB (actual FELGTBI+) de aquel año.
A mi juicio, las organizaciones que trabajan cuestiones LGTBI deben hacer una valoración del año en curso y plantear, como mínimo, un análisis estratégico para el año próximo en función del plan estratégico general existente y la valoración del año que termina.
Creo sinceramente que es muy importante trabajar con una metodología clara porque permitirá saber qué temas urgen y se deben abordar, además de explicitar la forma de plantearlos, es decir, el cómo deben abordarse en el año que va a comenzar.
Sin desmerecer un ápice cualquier causa, en cuestiones LGTBI, como en otras muchas, debemos priorizar entre lo urgente y lo importante; y no sólo eso, sino que tendremos que saber combinar bien ambas categorías, pues nos encontramos con cuestiones que son importantes y urgentes, otras que son importantes pero no urgentes, aquello que no es importante pero sí urgente y también aquello que ni es importante, ni es urgente.
Considero que algo importante lo es por su interés, conveniencia o por el alcance de sus efectos. Por otro lado, lo urgente se reconoce por su necesidad, por el apremio que implica o por las consecuencias que su falta puede causar.
Retomando lo que decía más arriba, considero que deberíamos trabajar con estas herramientas estratégicas (o con otras, pero de forma sistematizada) porque haciéndolo de esta manera, nos va a permitir establecer expresiones técnicas. Y a través de ellas podremos aportar soluciones a problemas de interés general y, en especial, de interés singular para las personas LGTBI.
Según entiendo yo las políticas LGTBI, vengan de donde vengan (de las administraciones públicas, del sector privado, del ámbito de la cooperación, etc), hacer planificaciones y evaluaciones con metodologías claras, nos va a permitir diseñar medios para cambiar esas situaciones desventajosas, discriminatorias y violentas.
Por norma general, cuando diseñamos esas estrategias exploramos las mejores opciones para llegar a los objetivos y metas que deseamos, planeando con ellas etapas y rutas tendientes a su logro. En este caso, de cara a 2023 y de manera general, yo propongo una serie de propuestas que a mi juicio satisfacen necesidades sociales básicas que conjugan lo urgente y lo importante.
Modificar las condiciones de vida de las personas con el fin de mejorar la cotidianidad de la sociedad en su conjunto, y en este caso de las personas LGTBI y de nuestras familias, tratando de beneficiar nuestra calidad de vida, nuestro trabajo y nuestro entorno, en general, ha sido y es uno de mis objetivos personales, laborales y activistas.
A falta de que termine este 2022, yo ofrezco mis servicios también en la asesoría y consultoría en políticas LGTBI. Si necesitas que te eche una mano, ¡cuenta conmigo para construir algo fantástico! Los retos son muchos y muy complejos, por lo que se hace necesaria la colaboración y el trabajo con fórmulas disruptivas que eviten las desigualdades.
Independientemente de que se apruebe o no el Proyecto de Ley para la igualdad real y efectiva de las personas trans y para la garantía de los derechos de las personas LGTBI, para mi, tres son los pilares donde es urgente e importante poner el foco en cuestiones LGTBI: las personas, los espacios y los ámbitos.
Para abordar estas cuestiones, publicaré tres reflexiones, una por cada uno de los pilares- foco que acabo de nombrar, comenzando por las personas.
Foco 1: Las personas
Las personas mayores LGTBI
Existe una deuda histórica con las personas mayores, en general, y con las personas mayores LGTBI particularmente. Gracias a estas personas que, con su esfuerzo y visibilidad, impulsaron el movimiento por la igualdad de la diversidad sexual, de género y familiar, hoy contamos con una comunidad LGTBI fuerte y relativamente unida.
Tengo especial sensibilidad por este tema, tanta, que hasta tuve el placer – porque aprendí muchísimo – de ser el Coordinador del año temático impulsado por la Federación Estatal LGTBI+ «2019 Mayores Sin Armarios: ¡Historia, Lucha y Memoria!«.
El 16 de diciembre de 2019 finalizamos ese magnífico año presentando un informe, el primero que se hacía en nuestro país sobre mayores LGTBI, de la mano de Manuel Martínez Domene, director general del Imserso en ese momento, y de Jenifer Rebollo, Gerente de FELGTB por entonces.
La investigación analizaba las respuestas de una muestra singular de 145 personas LGTBI mayores de 55 años, de las cuales, entre los 31 y los 50 años, el 50% fue totalmente visible en su entorno social más próximo (familia y amistades) y el 39% en el ámbito laboral y en relación a su participación social. Sin embargo, solo el 24% de estas mismas personas continuó siendo visible a partir de los 50 años en su ámbito familiar y en el laboral, el 30% lo siguió siendo entre amistades y el 28% en los aspectos relativos a su participación social.
Además, esta invisibilización se traslada también al ámbito socio-sanitario puesto que el 45% de las personas entrevistadas no revelaba al personal de los servicios socio-sanitarios su condición de persona LGTBI por causas como el miedo al rechazo y la vergüenza y sólo el 4% utilizaba algún recurso social destinado a personas mayores.
Asimismo, casi el 70% de la muestra consideraba que tiene mayores dificultades como persona mayor por el hecho de ser LGTBI. En este sentido, más de la mitad (52%) consideraba que la mayor dificultad es la falta de adecuación a la realidad LGTBI de los servicios de atención a las personas mayores, el 38% señalaba la soledad, el aislamiento y la falta de apoyo familiar y el 28% las discriminaciones LGTBIfobicas por parte del personal socio-sanitario. Además, el 22% de las personas encuestadas indicaba que lo que más les afecta actualmente es la discriminación sufrida a lo largo de su vida debido a su orientación sexual o identidad de género.
Las mujeres LTB
Las mujeres lesbianas, trans y bisexuales (LTB), como el resto de mujeres, sufren la opresión de género, a la que hay que sumar las discriminaciones que viven como parte del colectivo LGTBI, de manera que están expuestas tanto al machismo y la misoginia, como a la lesbofobia, transfobia y bifobia.
Los (cada vez menos) problemas de acceso a la reproducción asistida, el doble impacto de la brecha salarial en los hogares formados por dos mujeres, la violencia transfóbica a la que están expuestas las mujeres trans y la discriminación laboral que las aboca en muchos casos al trabajo sexual o a contextos de prostitución y el estigma machista del que son víctimas las mujeres lesbianas o bisexuales son cuestiones que deben atajarse.
El ataque continuo a los derechos humanos de las mujeres trans a lo largo de estos últimos años ha demostrado la importancia y la urgencia de apostar y defender, aún más, un sistema amplio e inclusivo que reconozca la diversidad como un valor positivo, contribuyendo con ello al reconocimiento de los derechos universales de las mujeres.
Además, las mujeres LTB siguen estando altamente cosificadas por la sociedad machista que las concibe como un elemento susceptible de satisfacer las fantasías de los hombres, lo que las expone a múltiples violencias y genera un imaginario social muy prejuicioso. Además, están menos empoderadas para denunciar, tal y como demuestra el último informe publicado por FELGTBI+ sobre delitos de odio, en el que se revelaba entre un 60 y un 80% de infra denuncia, y en el que, de las denuncias registradas, más del 70% eran de hombres.
En la investigación Mujeres LTB: hogares, familias y mercado de trabajo que impulsé en 2020 se pueden ver múltiples discriminaciones.
Las personas trans
La realidad de las personas trans, a pesar de los avances legislativos y sociales, continúa formando parte de un conjunto de datos predominantemente negativos. Aumentan los delitos de odio producto de la transfobia y se mantienen las dificultades en la inserción laboral o los problemas para el acceso a las necesidades sanitarias del colectivo, entre un largo etcétera de complicaciones. Todo sumado a que el trámite del anteproyecto de ley anteriormente citado no prospera.
El anteproyecto, entre otras cuestiones, reconoce que las personas trans ya no tendrán que pasar por declarase como enfermas con un diagnóstico de disforia de género en el sistema sanitario para poder modificar su sexo en el DNI. Eso es lo que garantiza la autodeterminación de género, no es otra cosa. Y, es que, la ley, en lo que respecta al ámbito sanitario, lo que vendría a implementar es una mínima cartera de servicios, armonizando todas las prestaciones a un nivel estatal. Al no contar con una ley estatal, las competencias están derivadas a las Comunidades Autónomas con la probabilidad de estar sujetas a revocación
Además, por ejemplo, la transfobia en Andalucía se ha triplicado y representa ya un tercio de los casos totales. El Observatorio Andaluz contra la Homofobia, Bifobia y la Transfobia publicaba los últimos datos recogidos en la comunidad andaluza sobre LGTBIfobia y alertaba de un crecimiento reseñable en el aumento de las agresiones a las personas trans en el año 2021. Aunque no sólo eso, en general, los ataques al colectivo LGTBI han aumentado en España un 9,3% y son cada vez más violentos, unos datos que avanzó el ministro de Interior, Fernando Grande-Marlaska, en septiembre de 2021.
La infancia y la juventud LGTBI
Si bien es cierto que se han desarrollado políticas de infancia, adolescencia y juventud y que se han dedicado partidas económicas a su bienestar físico y mental, se ha hecho mucho (o poco) por la infancia y la juventud, en general, y en mucha menor medida por la infancia y juventud LGTBI. En cualquier caso, se han llevado a cabo acciones “por la infancia y la juventud”, no “con la infancia y la juventud”.
En general, las entidades LGTBI en España son un ejemplo de lucha no sólo contra la LGTBIfobia, sino contra el machismo, el racismo y el clasismo, pero siguen perpetuando las violencias por acción u omisión que el resto de la sociedad comete contra, entre otras, las personas menores edad.
La infancia y la juventud LGTBI tienen voz y debemos escucharla. En parte, son la población más vulnerable del colectivo porque no cuentan con apenas herramientas de defensa. Es un colectivo que en muchas ocasiones ha sido y es repudiado por sus familias, debido a su orientación sexual o su identidad y expresión de género, y es el colectivo que está más expuesto a violencia – con demasiada frecuencia – en los centros educativos y en muchos de sus espacios de socialización, entre otras violencias.
A lo largo de los próximos días, centraré mis reflexiones en los otros dos pilares- foco que considero deben abordarse como retos en 2023: los espacios y los ámbitos.