Empresas, objetivos de desarrollo sostenible, políticas LGTBI y VIH.

En 2015, la ONU aprobó la Agenda 2030 sobre el Desarrollo Sostenible, una oportunidad para que los países y sus sociedades emprendieran un nuevo camino con el que mejorar la vida de todas las personas, sin dejar a nadie atrás. Como es sabido, la Agenda cuenta con 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible, que incluyen desde la eliminación de la pobreza hasta el combate al cambio climático, la educación, la igualdad de género, la defensa del medio ambiente o el diseño de nuestras ciudades.

Para las empresas, los ODS son una guía o un mapa que les permitirá identificar si su impacto social, económico y medioambiental aporta valor a la sociedad, y, en consecuencia, fortalecer su reputación y sus relaciones con los distintos grupos de interés. En definitiva, los objetivos de desarrollo sostenible están estrechamente relacionados con la responsabilidad social corporativa ya que refuerza este modelo de gestión y define como un requerimiento para alcanzar sus metas, la colaboración entre administraciones públicas, sociedad civil y sector privado.

En este sentido, para las organizaciones del sector privado y sociedad civil existen diferentes retos a la hora de integrar los ODS en su estrategia y gestión, y, por otra parte, integrarlos también les puede repercutir una serie de oportunidades y beneficios.

La empresa y sus grupos de interés deben conocer el marco de los ODS y entender cómo desde las empresas se puede contribuir a su cumplimiento. Para ello, la empresa puede definir una persona o departamento que se encargue de la gestión estratégica y realice todas las acciones necesarias para integrar los ODS en la estrategia de la organización y la comunicación interna y externa de este compromiso. Esto va muy alineado si se quiere trabajar la diversidad y la inclusión del talento LGTBI en las plantillas, como comenté ya en otra de mis opiniones.

Las dimensiones de los ODS en las políticas LGTBI

Es más que importante resaltar que la Agenda 2030 – y los países miembros que la suscriben – se comprometieron a “No dejar a nadie atrás”, lo que significa que los 17 objetivos y las 169 metas compartidas no se pueden lograr sin la inclusión de todas las personas, particularmente de las más vulnerabilizadas.

En el desarrollo de las políticas de igualdad e inclusión de la población LGBTI se deben tener en cuenta seis diferentes dimensiones de los ODS y complementarias a su vez: la salud, la educación, la pobreza, la seguridad, la familia y el reconocimiento legal al género; todas ellas, relacionándolas con sus diferentes metas pero es en especial en el ODS 3 (Salud y Bienestar) donde se abordan las diferentes metas relacionadas con las mayores barreras que enfrenta el colectivo LGTBI+.

En mi opinión, frente a la dimensión de seguridad, en la que destaco el hecho de que las personas LGBTI vivimos mucha violencia asociada al prejuicio por tener una orientación sexual y/o una identidad de género disidente (además de que las respuestas a estas violencias por parte de las autoridades muchas veces son tardías y otras veces profundizan la discriminación) encuentro fundamental el trabajo en la dimensión de la salud.

Para mi, una de las principales problemáticas de la población LGBTI es nuestro menor acceso a los servicios de salud debido al estigma y la discriminación de muchos de los prestadores de salud, la falta de servicios de salud que atiendan las necesidades especificas al género o la orientación sexual de la población LGBTI, así como servicios orientados a suplir las demandas insatisfechas en salud sexual y reproductiva específicos de mujeres lesbianas, bisexuales y otras mujeres que tienen relaciones sexuales con mujeres y/o los procesos de acompañamiento en las transiciones médicas de la población trans.

Tengamos presente también el efecto de la sindemia que forman la homofobia interiorizada con el VIH, por ejemplo, en personas que han vivido en contextos LGTBIfóbicos en lo que se han interiorizado los prejuicios, lo que provoca problemas de ansiedad y dificultad para visibilizarse como persona LGTBI. O tener presente, una vez se ha producido el diagnóstico, que quienes peor lo llevan son las personas que más han interiorizado los prejuicios porque son quienes más culpa y vergüenza sienten ante el hecho de haberse infectado de una infección grave cuando una persona afectada por cualquier cuestión de salud – de manera general – busca el apoyo de su entorno más próximo y de confianza, justo lo contrario de lo que hacen algunas personas LGTBI con VIH.

Por lo tanto, el estigma y la LGTBIfobia aumentan el aislamiento de las personas LGTBI y eso nos hace más reticentes a darnos a conocer, identificarnos y recibir asesoramiento. 

Enfocar el VIH dentro de las políticas LGTBI de la empresa

La ONU busca el desarrollo general sin que nadie se quede atrás, por ello, la respuesta a la lucha contra el VIH/ sida está íntimamente relacionada con los ODS. Y, es que, no se puede poner fin a la epidemia sin satisfacer las necesidades de las personas que viven con VIH ni abordar las cuestiones determinantes relacionadas con la salud y la vulnerabilidad. Las personas que viven con el VIH aumentan su vulnerabilidad si se pertenece a una comunidad ya de por sí frágil, discriminada o marginada.

La respuesta al VIH ha logrado avanzar en el derecho a la salud, la igualdad de género, los derechos humanos, el empleo y la protección social y ha plantado cara a normas sociales muy afianzadas, haciendo frente a la exclusión social y derribado barreras legales que obstaculizan los resultados en cuanto a salud y desarrollo.

En este sentido, los entornos de trabajo seguros facilitan el acceso a los servicios de VIH, especialmente para las personas trabajadoras con empleos en B, en concreto en personas trans, migrantes y trabajadoras y trabajadores sexuales o en contextos de prostitución.

A partir de un entorno de trabajo seguro, los servicios de prevención del VIH, tratamiento, cuidado y apoyo llegan a las personas trabajadoras que se mueven a través del territorio, también a aquellas que son migrantes, a las personas LGTBI trabajadoras y trabajadores sexuales o que viven en contextos de prostitución y otros trabajadores vulnerables, por consiguiente, abordar el VIH en el mundo del trabajo y proteger los derechos laborales puede ayudar a asegurar que las personas que viven o están afectadas por el VIH puedan disfrutar de un empleo pleno y productivo.

El VIH continúa siendo una de las más graves crisis de salud pública a nivel mundial; si bien los avances científicos han facilitado la prevención y tratamiento del virus, no hay una vacuna como tal y miles de personas siguen contrayendo VIH cada año. Históricamente, los fondos insuficientes para los programas de salud pública, la oposición ideológica de políticas preventivas efectivas y las barreras sociales como el estigma y la discriminación han hecho especialmente difícil acabar con la epidemia.

Pero mucho ha cambiado la situación desde los primeros años de pandemia y existe una ralentización en el ritmo al cual se van reduciendo las nuevas infecciones por el VIH, se va aumentando el acceso al tratamiento y se va terminando con las muertes relacionadas con el sida. 

La discriminación que sufrimos las personas LGTBI nos hace hace particularmente vulnerables al VIH y no existe una protección legal estatal explícita contra la discriminación basada en la orientación sexual o la identidad de género. Afrontar con las consecuencias del prejuicio y discriminación, como la pérdida de empleo o el desamparo a menudo resulta en acciones y comportamientos que facilitan la transmisión del VIH. Por ejemplo, frente a la persistente discriminación en centros educativos o de trabajo, muchas mujeres trans se quedan con pocas opciones laborales y se dedican al trabajo sexual para sobrevivir y satisfacer sus necesidades básicas.

El prejuicio LGTBIfóbico fomenta la propagación de VIH al desalentar a muchas personas de nuestra comunidad a hacerse la prueba o tratar el virus por temor a la intimidación. Para jóvenes gais, bisexuales y otros hombres que tienen relaciones sexuales con hombres, quienes están comenzando a explorar su sexualidad, la homofobia, la bifobia y otras formas de prejuicio y discriminación LGTBIfóbicas ayudan a explicar por qué tantas personas jóvenes en nuestra comunidad no son conocedoras de su estado de VIH. Ayer mismo, Laura Rabanaque publicaba un artículo en El periódico de Aragón en el que se aborda el aumento de las infecciones de transmisión sexual entre jóvenes de Aragón.

En definitiva, las empresas pueden y deben trabajar los ODS y deben hacerlo teniendo presente las políticas LGTBI pero no se pueden hacer políticas reales y efectivas en materia de diversidad e inclusión LGTBI si no se tiene presente la realidad del VIH en el colectivo. Por eso, si no sabes por dónde comenzar, yo ofrezco mis servicios también en este sentido. Si necesitas que te eche una mano, ¡cuenta conmigo para construir algo fantástico!

Las desigualdades que perpetúan la pandemia de VIH y sida no son inevitables y por supuesto que podemos abordarlas. En este 1 de diciembre, me hago eco de las pautas de ONUSIDA que nos instan a abordar las desigualdades que están frenando el progreso para poner fin al sida bajo un eslogan que es una llamada a la acción: «Igualdad Ya».