- No podemos intervenir constantemente en todo y con todo como si fuera una crisis permanente sin pararnos a ahondar en la raíz de las cuestiones ni estudiar los matices existentes.
¡Cómo es la mente humana! Si ayer participaba como Pluma del Observatorio de Evaluación de las Políticas Públicas LGTBI de Aragón escribiendo sobre salud mental y la mente, en general, hoy reflexiono sobre el papel de la sostenibilidad en la acción social. Y, es que, la semana pasada me pasé cuatro días encamado y febril y sólo hacía que delirar sobre cuestiones relativas al mundo social. Todo muy random y todo muy real a la vez. En verdad, todo muy yo en mi mismidad…
Que vivimos en un mundo globalizado marcado por desigualdades cada vez más crecientes no se le escapa a nadie: crisis medioambientales, conflictos bélicos, crisis sociales, hambrunas, éxodos migratorios, e incluso podríamos hablar de un cambio ético en muchos valores asentados durante el siglo XX o incluso sobre siglos y siglos. Y soy bastante claro, cuando afirmo que estas cuestiones no se le escapan a nadie incluyo quienes mienten muy bien, retuercen torticeramente sus palabras y saben venden odio y crueldad de manera muy sutil.
Al lío: todos estos cambios que se están produciendo en la actualidad muy rápidamente, a mi juicio, desafían muchas estructuras sistemáticas que parecían inamovibles hace unos pocos años. Transversalmente a todos estos cambios, y en todos estos nuevos retos, aparece siempre una misma realidad que la convierte en la principal resistencia: la sostenibilidad, un término que ha pasado de ser únicamente un concepto asociado a la preservación del medio ambiente para convertirse en una pieza central de las estrategias de desarrollo y acción social.
Y es aquí, desde este punto, desde donde yo lanzo mi reflexión semanal bajo el rótulo de «La acción social pasa por la sostenibilidad» porque entiendo, y no es una reflexión semanal superficial, sino una afirmación con implicaciones concretas, que la acción social debe abordarse inexcusable a través de la sostenibilidad en los tiempos presentes.
Y, es que, la acción social tiene muchos y muy diversos matices que la vinculan con la sostenibilidad, como son el impacto y el significado que le damos a esa relación o la efectividad de la propia intervención social. Es más, creo que no podemos hablar tampoco de acción social y sostenibilidad si no introducimos conceptos como innovación, educación y empoderamiento. Y concreto todavía más, debemos dejar de empezar a focalizar en las comunidades destinatarias de la acción social para dirigirnos de manera global a todo el planeta.
Como decía antes, para mí, y en su sentido amplio, “sostenibilidad” abarca, cuanto menos, tes dimensiones: social, cultural y económica, y se enfoca en generar sistemas capaces de perdurar y evolucionar sin comprometer el bienestar de generaciones futuras. Por consiguiente, en el contexto de la acción social, la sostenibilidad debe tener la capacidad de generar cambios que no solo resuelvan problemas inmediatos, sino que también construyan las bases para un desarrollo continuo y prevengan desigualdades sociales desde la propia raíz.
Dicho de otra manera, las intervenciones sociales efectivas deben impactar y perdurar en el tiempo y tienen la obligación de fomentar su capacidad para auto-sustentarse y continuar progresando sin depender eternamente de la ayuda externa, llamémosla como queremos llamarla: caridad, solidaridad, paternalimo o cooperación.
En mi visión utópica de un mundo justo (que no Un mundo feliz), y entendiendo “justo” en el sentido de que debe existir igualdad de oportunidades, no me parece razonable que haya que abordar las necesidades básicas de alimentación, vivienda, cultura, educación y salud de nadie porque nadie debería tener esa necesidad. El debate de qué es justo y qué no lo es no me es ajeno, pero recomiendo cursar para ahondar en estas reflexiones la asignatura de Filosofía del Derecho, del grado en Derecho, que es fantástica.
Me estoy excediendo ya, así que para concluir con mi reflexión semanal, creo que sin una visión sostenible en el ahora y en el mañana cualquier intervención en acción social sin perspectiva sostenible corre el riesgo de ser meramente asistencialista, cubriendo esa urgencia concreta sin llegar a la importancia de la cuestión, sin atacar las causas subyacentes de la exclusión social o la violencia sistemática.
Incluso en el tercer sector de acción social, la perspectiva de sostenibilidad está decayendo porque muchas organizaciones, absolutamente desbordadas de trabajo, están pasando a dar apoyo (urgencia) sin crear las condiciones necesarias para que estas comunidades se vuelvan resilientes y autosuficientes a largo plazo (importancia).
Cuando perdemos la incidencia política porque, entre otras cosas, las propias protagonistas no es que no cuenten con un altavoz, sino que las silencia el sistema, nuestro papel político debe redoblarse como herramienta de sostenibilidad en intervención social, en sostebilidad socio- económica, sostenibilidad cultural y también medio-ambiental.